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lunes, 28 de marzo de 2011

La "posicion" de Gramsci

Antonio Gramsci
El profe, daba clases de marxismo, pero no de cualquier modo, era un buen pedagogo y le gustaba su trabajo. Y de ahí que se saliera con  frecuencia del guión estrictamente programado por las "instancias superiores" que lo tenían desde siempre entre ojos, y lo inspeccionaban con frecuencia. Pero el no hacia caso, iba a lo suyo. Y tenia a sus alumnos fascinados con su labia.

Y fue durante una de esas inspecciones, por allá, por los 80, que paso esto que digo.

El inspector de turno estaba agazapado en los ultimos asientos, y el profe rompe de pronto a hablar... de "un tal Gramsci". Aunque poco mencionado en la isla, Gramsci fue un teórico del marxismo, y secretario general del partido comunista, por alla por Italia, a caballo entre los siglos XIX y XX. Y el profe lo adoraba. Y lo citaba con frecuencia.

Y como ya lo conociamos en el aula desde antes, varios alumnos pidieron la palabra he hicieron preguntas pertinentes, mientras en el ultimo asiento de la clase, el inspector de cabeza cuadrada, se iba congestionando por momentos, viendo como aquel miserable, "corrompia" al hombre nuevo con sus predicas herejes.

Y venga a hablar de Gramsci... y dale que te pego...hasta que el inspector no pudo mas, y salio disparado del asiento trasero hacia delante, se le echo prácticamente arriba al profe, y le ladro casi en la cara: "Diga ahora mismooooooo cual es la "posicion" de su "amigo", ese Gramsciiiiiii!!!

El profe se le quedo mirando fijamente, un instante, luego se volvió al publico de la clase, con gesto teatral, puso los ojos en blanco, dejo caer la cabeza a un lado, saco la lengua,  y fingió la rigidez de un cadáver insepulto durante dos o tres segundos, y luego se volvió al inspector y le dijo suevemente: Esa es la "posicion" de mi "amigo" Gramsci...desde el 1927.

Y el aula se vino abajo.

Al inspector que creyó pillar al profe en un "renuncio", hablando, quizás de algún extranjero peligroso,dios no lo quiera de la CIA o algo peor, se le cayo la cara de vergüenza.

Treinta años después lo volví a encontrar al "italiano de la discordia" aquí en Europa, un día, en una librería cualquiera, y no pude evitar soltar una carcajada recordando aquella pifia, la de siempre, entre la inteligencia y el sentido del humor de un buen maestro y la estupidez de un funcionario
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