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lunes, 23 de enero de 2012

Murió Wilman

Pilar RaholaPILAR RAHOLA



De Wilman Villar sé muy poco. Que tenía 31 años, que su mujer se llama Maritza Pelegrino y que él ha muerto después de 50 días de huelga de hambre, en protesta por su condena de cárcel como preso político. A Maritza no le han dejado ver el cuerpo. Wilman militaba en la Unión Patriótica de Cuba y fue encarcelado en la prisión de máxima seguridad de Aguadures, al sur de Santiago. Su delito, pedir reformas políticas y luchar por las libertades. En paralelo se ha sabido que el mítico disidente Guillermo Fariñas –que hizo 23 huelgas de hambre– fue detenido hace unos días junto a Ángel Moya –uno de los prisioneros de la Primavera Negra– y el también activista Jorge Luis Artiles. En su caso, estaban realizando gestiones en la Fiscalía en ayuda de la dama de blanco Yazmín Conteo y su esposo, también detenidos días antes. Ni Fariñas ni sus compañeros estarían recibiendo alimento, ni tampoco el medicamento que Guillermo necesita, dada su deteriorada salud. Más allá de estos nombres conocidos, a estas horas no se sabe el nombre de otros detenidos, pero se cuentan por decenas, porque desde la muerte de Wilman, el ejército ha rodeado el hospital, la policía detiene a disidentes y se impide cualquier manifestación pública. Hasta aquí el relato de los fragmentos de información que nos llegan, a pesar de la férrea censura del régimen. Y a partir de aquí, la fatiga, la indignación sostenida, infinita, la tristeza...

¿Qué piensan los Willy Toledo cada vez que el zarpazo de la dictadura se lleva una joven vida? Cuando murió Orlando Zapata, el tal Willy lo justificó de una forma ignominiosa y burlesca. Y encima lo hizo hablando de libertades y justicia, como si las víctimas de las dictaduras de sus amigos revolucionarios fueran ellas mismas sus propios verdugos. No es la primera vez que lo digo, pero lo repetiré mientras haga falta: ¡qué vergüenza de esa izquierda que ensucia con sangre la bandera de la libertad! ¡Basta ya! Basta de defender un régimen decrépito, mesiánico y malvado que niega las libertades básicas, que se fundamenta en el miedo y la represión y destruye los derechos fundamentales. Basta de justificar las muertes de personas cuyo único delito ha sido pensar distinto y defender sus ideales.

Basta de mentir sobre Cuba, cuya bondad se sustentó, desde el primer día, en juicios sumarísimos donde se mataba a cualquiera que oliera a contrarrevolucionario. Es un régimen que nació con sangre, se basó en la sangre y se mantiene con sangre, vampírico y depredador. La última muerte, la de Wilman, es una más, pero duele como si fuera la primera, porque cada día renace la esperanza en Cuba y cada día vuelven a matarla.

Leo en el blog de Yoani Sánchez: "Hizo de su cuerpo un campo de batalla, una plaza pública de protesta, un terreno de indignación ciudadana". Y arrasaron esa plaza. Por supuesto dirán que era un delincuente común.

Tomado de La Vanguardia
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