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lunes, 9 de abril de 2012

El silencio del Vaticano ante los crímenes del régimen cubano


Nota del Bloguista

A un cubano de poco más de 60 años, famoso y profundo historiador laico de la Iglesia Católica cubana que vivió en Cuba hasta hace muy pocos años (2005), y que si mal no recuerdo vivía ya en La Habana en esos años en que ocurrió este hecho en la Nunciatura, en un desayuno patriótico le pregunté si sabia de la existencia de ese hecho y si alguna vez había oido hablar de ese hecho dentro de la Iglesia Cubana; me contestó a ambas preguntas que NO...

En http://www.network54.com se lee:

El nombre del fiscal que los condenó a todos fue Marimón Roca. Luego de este incidente, la seguridad del estado de Cuba, apresó a Margarita Marín Thompson, la madre de los tres hijos fusilados y fue condenada a veinte años de prisión por el simple hecho de ser la progenitora de los tres jóvenes

De http://www.executedtoday.com :

Sources: Testimony of Margarita Marin Thompson (mother) in Ricardo Bofill, Diario Las Américas, September 9, 1997. Pablo Alfonso. El Nuevo Herald, 31 October 1997, p. 6A. Valladares, 1985, p. 416. Amnesty International Annual Report 1983, p. 130. Nuestra Cuba, 1998, p. 3. Reader’s Digest, October 1998, p. 83. Montaner, 1984, p. 267. Cuban American National Foundation, The Quilt of Fidel Castro’s Genocide, 1994. Reinaldo Bragado, 1998, p. 5. Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, 2002, p. 35. Fuentes 2002, p.s 102-104. Juan O. Tamayo, “Ex-Cuban prosecutor’s role in rights panel criticized,” The Miami Herald, April 16, 1998. Circuito Sur, July 2002, p. 35, and http://members.aol.com/aguadacuba/cs/datafusi/vaticano.htm.
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THE MIAMI HERALD
(publicado en idioma Inglés)

El silencio del Vaticano ante los crímenes del régimen cubano

POR MARIA C. WERLAU
info@cubaarchive.org
Domingo 8 de abril de 2012


En su reciente visita a Cuba, el Papa Bendicto no mencionó a las víctimas de los hermanos Castro. No debe sorprender. Durante décadas la Iglesia ha guardado silencio sobre los peores crímenes del régimen en el afán de preservar su influencia y avanzar su misión en Cuba totalitaria.

Se destaca un atropello que involucró a la Iglesia directamente. El 2 de enero de 1981 fusilaron a tres hermanos -Ventura, Cipriano y Eugenio García-Marín, de 19, 21, y 25 años respectivamente- después que entraron a la nunciatura (embajada del Vaticano) en La Habana buscando refugio.

Eran Testigos de Jehová de familia muy humilde. Amenazados con prisión por practicar su fé, el 3 de diciembre de 1980 junto a dos hombres y tresmujeres penetraron la sede diplomática y solicitaron asilo. Horas más tarde, un equipo de Tropas Especiales del Ministerio del Interior invadió el recinto y los llevó presos.

Luego de un juicio sumarísimo, se condenó a muerte a los tres hermanos supuestamente por haber matado de un disparo al mayordomo de la nunciatura. Semanas más tarde, fueron fusilados. Su madre y varios parientes así como los otros participantes de la toma del recinto recibieron condenas de 15 a 25 años. Gracias a cierta presión internacional, los soltaron algunos años antes.

Luego se reportó que el mayordomo supuestamente muerto estaba vivo y era un agente de Seguridad de Estado que había fingido sus heridas durante la toma de la nunciatura. (Ver detalles en www.CubaArchive.org/database.)

El Vaticano ha mantenido hermético silencio público sobre el caso. Se alega que le dió permiso a Cuba para entrar en la sede y capturar a los que pedían asilo.

El rastro de sangre de los hermanos Castro es largo, mancha que ha ido creciendo por más de cinco décadas. Guardacostas cubanos han asesinado niños junto a sus padres cuando intentaban escapar la isla, carceleros han matado a golpes a mujeres embarazadas y adolescentes. La cifra de muertes sigue creciendo con las de valientes disidentes que perecen en huelgas de hambre en reto final contra la represión, los que desaparecen en el estrecho de la Florida tratando de huir y los muchos jóvenes que estánmmuriendo por las terribles condiciones de presidio, encarcelados por delitos económicos que sólo son crímenes en regímenes totalitarios.

Es lamentable que se legitime a los asesinos mientras se olvida a sus víctimas. La Iglesia debiera exigir decisivamente que cesen estos crímenes y plantarse firme por la vida y seguridad del pueblo cubano.

Maria C. Werlau es Directora Ejecutiva de Archivo Cuba de Summit, New
Jersey.

(Traducción al español por Archivo Cuba.)
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Tomado de http://religionrevolucion.blogspot.com/
(publicado en junio 8, 2010)

., y ya que hablamos de la Iglesia.

Una nota tomada del Blog Emanaciones, del escritor cubano, Juan Abreu, muy oportuno en estos días que tanto se ha especulado por las recientes conversaciones Iglesia (católica) – gobierno, en Cuba. Dice esta incisiva nota:

Y ya que hablamos de la Iglesia, les presento a tres hermanos: Ventura García Marín, Cipriano García Marín, Eugenio García Marín. En 1980, buscaron asilo en la Nunciatura del Vaticano en La Habana. Querían escapar de la isla.

¿Qué hicieron los señores curas?

Los denunciaron. Pero no sólo los denunciaron: cooperaron diligentes con los esbirros castristas.

¿Cómo llegaron los esbirros a la Nunciatura a detener a los tres hermanos? Llegaron disfrazados de curas. Llegaron en un automóvil de la Nunciatura.

Repitámoslo. Vestidos de curas, en un automóvil de la Nunciatura.

Hubo un supuesto tiroteo. Y un supuesto empleado de la Embajada del Vaticano resultó supuestamente muerto. Esa es la versión oficial de los Castro y el Vaticano. Que sirvió para justificar el asesinato de los tres hermanos.

Pero el testimonio y las investigaciones del activista de los derechos humanos Ricardo Bofill (que conoció en la cárcel a los hermanos Marín) han demostrado que todo fue un montaje. Bofill localizó al supuesto muerto en 1985, era un subteniente del Ministerio del Interior, vivía en el reparto Fontanar y se llamaba Isidro Peñalver León.

(Giulio Einaud, Nuncio Apostólico en La Habana cuando ocurrieron los hechos)

La denuncia de Bofill fue presentada a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Que la usó para limpiarse el c..., como suele. Y de paso nombró al gobierno asesino miembro de su Comisión de Derechos Humanos.

Ventura García Marín, 19 años, Cipriano García Marín, 21 años, y Eugenio García Marín, 25 años, fueron fusilados. La madre, Margarita Marín Thompson, fue condenada a 20 años por no denunciar a sus hijos. Enloqueció en prisión y fue liberada tras cumplir diez años de cárcel. Murió en 1992, clamando infructuosamente por los huesos de sus hijos.

¿Perdón?
Sí, claro.
Cuando el cardenal Ortega Alamino vaya y de rodillas lo solicite ante la tumba de esta mujer. De paso, puede pedir misericordia al pueblo cubano por cincuenta años de conducta rastrera de su Iglesia en Cuba.

Mientras no lo haga, no será más que un cómplice de los asesinos.

Y así se le debe tratar, como la basura cómplice que es.

Fuente: Emanaciones.
Foto del Nuncio Giulio Einaudi, quien fungía como representante del Vaticano en Cuba entre 1980-1988 cuando se produjeron estos hechos.

Información relacionada:
Uno de los muchos crimenes olvidados cometidos por el genocida y Jefe Terrorista en Jefe.


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Publicado en septiembre 11 del 2011 en Baracutey Cubano

Tomado de http://foros.abc.es/


La amnesia del Vaticano


Por María C. Werlau
Dtora. ejec. Proyecto Verdad
y Memoria de Archivo Cuba.



La reciente visita a Cuba del cardenal Bertone, secretario de Estado de la Santa Sede, deja claro nuevamente que el Vaticano peca de un profundo y siniestro olvido ante los crímenes del castrocomunismo. Entre innumerables aberraciones se destaca el silencio de la Iglesia Católica con respecto a los fusilamientos y asesinatos o los largos y viles encarcelamientos de líderes religiosos católicos y de otras denominaciones. Pero un incidente en particular llama la atención por ser la nunciatura en La Habana, sede diplomática del Vaticano, el escenario que dio pie a una gran injusticia. Con el caso de los hermanos García-Marín Thompson, fusilados de 21, 25 y 19 años respectivamente, se escribe uno de los capítulos más infames de la historia de una Iglesia Católica que rehúsa denunciar los atropellos de la dictadura castrista. La triste historia emerge de informes de organizaciones internacionales y el desgarrante testimonio de Ricardo Bofill, uno de los fundadores del movimiento de derechos humanos de la isla, quien sirvió prisión con los hermanos y los acompañó hasta su noche final.

Los hermanos Cipriano, Eugenio y Ventura García-Marín Thompson fueron fusilados en 1981 en la prisión-fortaleza de la Cabaña, en La Habana, meses después de su captura en un intento de salida del país, lo que no es ''ilegal'' en casi ninguna parte del mundo. De procedencia muy humilde, eran miembros de los Testigos de Jehová, congregación muy perseguida por el gobierno cubano por someterse sólo a Dios. Al menos uno había sido preso político, pero los tres habían recibido varias advertencias de que serían encarcelados por violaciones a la ''ley de peligrosidad''. Después de intentar el asilo político en la embajada del Vaticano durante varias semanas, el 3 de diciembre de 1980 los tres hermanos junto a dos hombres y tres mujeres forzaron la puerta de la Nunciatura y solicitaron asilo. Horas más tarde, un equipo elite de tropas especiales del Ministerio del Interior asaltó la embajada. Curiosamente estaban al mando del coronel Antonio de la Guardia, quien años después fuera fusilado por el mismo régimen al que servía entonces, el monstruo que devora a sus propios hijos.

Todos los refugiados fueron apresados y los hermanos llevados a la sede de Seguridad de Estado en Villa Marista. Allí trataron de obligarlos a filmar un video inculpándose con falsedades, a lo cual se negaron valientemente. Después de un juicio sumarísimo, el fiscal Carlos Amat les anunció sentencia de muerte, acusados de haber matado a un empleado cubano de la embajada. Una madrugada meses más tarde, las autoridades de La Cabaña, donde habían sido encarcelados, sacaron a los tres de sus celdas y se presume que fueron fusilados, aunque nunca se confirmó su suerte o paradero.

El gobierno cubano sostuvo que los refugiados estaban armados con una pistola, pero varios testigos insistieron que estaban desarmados y así lo aseveraron los tres hermanos hasta su día final. Luego se supo que el supuesto muerto, quien trabajaba en la embajada bajo contrato de la empresa estatal CUBALSE, era agente de la inteligencia cubana. Había usado sangre falsa para efectuar el plan ingeniado para entrampar a los refugiados. Después de su supuesta muerte, se comprobó que vivía muy saludable en el reparto Fontanar de la Habana. Los otros refugiados fueron sentenciados a prisión entre 15 a 25 años, pero puestos en libertad ocho años después cuando el caso recibió atención internacional. La madre de los tres jóvenes también pagó con años de prisión política.

En 1988, un equipo enviado a Cuba por la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en una misión histórica, tomó el testimonio de la señora en la residencia del embajador de España. Se vieron forzados a esta inusual cita luego de que el gobierno cubano le prohibió asistir a las vistas oficiales de la Comisión en el Hotel Comodoro de La Habana. En los años noventa, el relator especial para Cuba de Naciones Unidas, Karl John Groth, pidió sin éxito al gobierno cubano en varias ocasiones que le devolvieran los restos a la familia. La madre murió en 1992 aún clamando ''los huesitos'' de sus hijos para su entierro digno.

La acción del gobierno cubano, acostumbrado a tales excesos, no sorprende especialmente meses después del éxodo del Mariel. Pero sí deja mucho que desear la Iglesia, supuesta protectora de los necesitados, aparte de que fue su sede diplomática la violada. Existen versiones encontradas sobre si el nuncio dio o no permiso al gobierno cubano para penetrar la sede y llevarse a los refugiados. Lo que está muy claro es que posterior a los hechos la Iglesia hizo mutis y sigue sin condenar este y muchos otros crímenes contra el pueblo de Cuba.
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Tomado de http://www.aguadadepasajeros.bravepages.com/

EL CASO DE LA EMBAJADA DEL VATICANO, EN LA HABANA
FUSILADOS TRES HERMANOS. UNO DE ELLOS MENOR DE EDAD.

El miércoles 3 de Diciembre de 1980, alrededor del medio día, un grupo de ocho cubanos llegaron a los predios de la embajada del Vaticano en La Habana, y sin dilación, los que portaban armas de fuego conminando al Guardián de Seguridad que no interfiriera, ingresaron precipitadamente con el propósito de buscar asilo político.

Al encontrar el grupo a uno de los funcionarios eclesiástico de la embajada, le señalaron sus deseos de asilo, a lo cual el clérigo les dijo que esperaran un momento. El mencionado funcionario se perdió por uno de los pasillos del edificio, y no regresó. Lo que había hecho dicho eclesiástico, era avisar a los otros funcionarios que no estaban enterado del suceso, y en minutos casi todos abandonaron el recinto; quedando solamente en el local que representaba a la Santa Sede del Vaticano en la Habana, cuatro monjas, el Guardia Civil de Seguridad y los ocho que tenían la intención de ser refugiados.

Tan pronto el gobierno comunista se enteró de lo que acaecía, rodeó con tropas especiales la embajada, y como es natural en estos casos, al ser informado vía telefónica el Vaticano, se pusieron de acuerdo para negociar con los que ocupaban la Sede.

En las negociaciones, los eclesiásticos de la embajada le prometieron a los Refugiados, que si salían del recinto se les respetarían sus derechos humanos, que diplomáticos de otros países irían a hablar con ellos y le darían una solución a su deseo de salir de Cuba. Los Refugiados estuvieron de acuerdo con dichas promesas, y concertaron una cita en el patio de la embajada.

Al acercarse el momento de la reunión con los funcionarios de países extranjeros, los Refugiados encargados de las negociaciones se dirigieron hacia el lugar señalado; pero al llegar se percataron que no eran diplomáticos, sino miembros de la Seguridad del Estado Cubano, y al instante, sin determinarse aun quien disparó primero, se formó un tiroteo, cayendo muerto de un disparo el Guardia Civil de Seguridad; hecho que tampoco se pudo precisar con exactitud, de donde partió el proyectil.

El gobierno marxista de Cuba, ya con la autorización de un funcionario eclesiástico (que por lógica debió ser de muy altos niveles), asaltó con tropas especiales la Nunciatura Diplomática, tomando prisionero a las tres mujeres y los cinco hombres que componían el grupo de Refugiados.

El martes 1 Enero de 1981, escasamente 29 días después de ser apresados, fueron juzgados los ocho implicados.

En el juicio, el cual se puede considerar sumarísimo, recibieron condena de fusilamiento bajo los cargos de haber matado al Guardia Civil de Seguridad, los hermanos García Marín:

Ventura García Marín, de 19 años de edad.
Cipriano García Marín, de 21 años de edad.
Eugenio García Marín, de 25 años de edad.

Los demás fueron condenados a años de prisión.

Al siguiente día del juicio, fue ejecutada la sentencia de los tres hermanos García Marín.

Pero esta desdichada historia no termina con el asesinato de los tres hermanos, puesto que a su madre la Sra. Marín también la enviaron a cumplir 20 años de prisión, bajo el alegato del gobierno marxista, de que no había denunciado los planes de sus hijos.

La Sra. Marín, esta desdichada madre cubana se volvió loca en la prisión, y al cumplir unos 10 años en las infames ergástulas comunistas, fue puesta en libertad.


http://baracuteycubano.blogspot.fr/2012/04/maria-c-werlau-el-silencio-del-vaticano.html

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