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sábado, 13 de julio de 2013

Le vendo un guanajo...




Un viejo chiste que nos cuenta lo siguiente: Un día le dijo la madre a Pepito, "coge el guanajo y mira a ver si lo puedes vender para recoger un poco de dinero”. Pepito cargó con el guanajo y se fue de casa en casa ofreciendo el ave hasta que en una de ellas le abrió la puerta una señora medio desnuda que hizo pasar al muchacho al interior de la vivienda y en ese momento se oyó una voz, proveniente de la entrada, una vez de hombre, gritando: “¡Lucía, donde estas!”. La mujer cogió Pepito y al propio tiempo que decía algo referente a que su marido era muy celoso, hizo entrar al chico a un cuarto oscuro y les escondió a él y al guanajo dentro.

Una vez dentro Pepito se percató de que allí dentro había alguien más:
“¿Quien está ahí?” preguntó Pepito .
 “Chiss, cállate” le respondió en tono muy bajo una voz  masculina.
Pepito calló, pero se dio cuenta de que allí pasaba algo raro y  pensó que podía sacar al positivo de la situación.

Al momento le dijo al desconocido: “Oiga, le vendo el guanajo”.
“¿Y para que quiero yo el guanajo?” le respondió este.
“O me compra el guanajo, o grito”.
“No, no grites, te lo compro. ¿Cuánto dinero quieres?”
“Quince pesos”.
“Está bien tómalos”.

Transcurre un poco de tiempo y Pepito le dice al otro:
 “Oiga, le compro el guanajo”.
“¡Pero si me lo acabas de vender!”.
“O me vende el guanajo o grito”.
“No, no grites, te lo vendo, ¿cuánto me das por él?”
 “Diez pesos” le responde Pepito,
 “¡Pero cómo, si te lo acabo de comprar por quince!”.
“O me lo vende por diez, o grito”.
“Está bien, te lo vendo”.

Pasa un cierto tiempo y Pepito le dice a su compañero de encierro:
”Oiga, le vendo el guanajo”.
 “Pero si me lo acabas de comprar”.
“O me lo compra o grito”.
Bueno está bien, ¿cuánto vale?” dice resignado el otro.
 “Quince pesos”.
“¡Quince pesos, si te lo acabo de vender por diez!”.
 “O los quince pesos o grito”. --

Así, le vendo o le compro, están un largo tiempo, siempre ofreciendo el muchacho menos a la hora de comprar que al momento de vender, cuando de pronto y en el momento en que el muchacho acababa de comprarle el guanajo al otro,  se abre la puerta de la habitacion y estando todo a oscuras le dice la dueña de la casa: “¡Sal y márchate que mi esposo ha salido!”.

 El muchacho se marcha y se va directo a su casa y su madre al verle entrar cargado con el guanajo le pregunta:” ¿Qué ha pasado?” “¿No has podido venderlo?”. “Si madre, lo he vendido”. Le responde mostrándole el dinero a su madre “¿Y cómo es que lo vuelves a traer a casa?”.

Pepito le cuenta lo ocurrido dentro del arcón y su madre le dice muy enfadada: “¡Sinvergüenza, eso que has hecho está muy mal, ya estás yendo a devolver el dinero o darle el guanajo al que se lo vendiste!”. “Madre, no puedo, no le vi la cara, no sé quien es”. “Bueno pues ya te estás yendo a la iglesia y te confiesas, lo que has hecho es pecado” le ordena la madre.

Pepito se va a la iglesia y se acerca al confesionario: “Ave María Purísima” dice. “Sin pecado concebida” le responden desde el interior de la casilla. “Dime hijo mío” “Mire padre me acuso de haber vendido un guanajo…” Nada más decir esto y sin darle tiempo a acabar, salió del interior de la cabina el cura hecho un basilisco diciéndole al muchacho: “¡Ah, maldito ladrón! ¿Con que tú eres el del guanajo?”

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