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miércoles, 29 de noviembre de 2017

Cuarto Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas





Miguel Ruiz LOS CUATRO ACUERDOS
Un libro de la Sabiduría Tolteca



 V EL CUARTO ACUERDO
Haz siempre lo máximo que puedas


Sólo  hay  un  acuerdo  más,  pero  es  el  que  permite  que  los  otros  tres  se  conviertan en hábitos profundamente arraigados. El Cuarto Acuerdo se refiere a la  realización de los tres primeros:  Haz siempre lo máximo que puedas .

Bajo  cualquier  circunstancia,  haz  siempre  lo  máximo  que  puedas,  ni  más  ni  menos.  Pero  piensa  que  eso va  á  variar  de  un  momento  á  otro. 

Todas  las  cosas  están vivas y cambian continua mente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que  podrás  hacer  tendrá  una  gran  calidad,  y  en  otras  no  será  tan  bueno.  Cuándo  te  despiertas renovado  y lleno  de vigor por la mañana, tu rendi miento es mejor que  por  la  noche  cuándo  estás  agotado. 

Lo  máximo  que  puedas  hacer  será  distinto  cuándo  estés sano que cuándo estés  enfermo, o cuándo  estés sobrio que cuándo  hayas bebido.  Tu  rendi miento  dependerá  de  que te sientas  de  maravilla  y  feliz  o  disgustado, enfadado o celoso.

En tus estados de ánimo diarios, lo máximo que podrás hacer cambiará de un  momento á otro, de una  hora  á otra,  de  un día  á  otro. También cambiará con el  tiempo. A medida que vayas adquiriendo el hábito de los cuatro nuevos acuerdos,  tu rendimiento será mejor de lo que solía ser.

Independientemente  del  resultado,  sigue  haciendo  siempre  lo  máximo  que  puedas,  ni  más  ni  menos. Si  intentas  esforzarte  demasiado  para  hacer  más  de lo  que puedes, gastarás más energía de la necesaria, y al final tu rendimiento no será  suficiente. Cuándo te excedes, agotas tu cuerpo y vas contra ti, y por consiguiente  te resulta más difícil alcanzar tus objetivos. Por otro lado, si haces menos de lo que  puedes hacer, te sometes á ti mismo á frustraciones, juicios, culpas y reproches.

Limítate á hacer lo máximo que puedas, en cualquier circunstancia de tu vida.  No importa si  estás  enfermo o cansado,  si siempre  haces lo máximo  que puedas,  no te juzgarás á ti mismo en modo alguno. Y si no te juzgas, no te harás repro ches,  ni te culparás ni te castigarás en absoluto. Si haces siempre lo máximo que puedas,  romperás el fuerte hechizo al que estás sometido.

Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que  se fue á un templo budista para encontrar á un maestro que le ayudase. Se acercó  á él  y le dijo: «Maestro, si medito cuatro  horas  al día, ¿cuánto tiempo  tardaré  en  alcanzar  la  iluminación?». 


Conversación


El  maestro  le  miró  y  le  respondió:  «Sí  meditas  cuatro  horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años».

El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: «Maestro, y si medito ocho  horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?». El  maestro  le  miró  y  le  respondió:  «Si  meditas  ocho  horas  al  día,  tal  vez  lo  lograrás dentro de veinte años».

«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?», preguntó el hombre.   El maestro contestó: «No estás aquí para sacrificar  tu alegría ni  tu vida. Estás  aquí  para  vivir,  para ser feliz y  para amar. 


Si puedes alcanzar tu máximo nivel  en  dos  horas  de meditación, pero  utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte,  apartarte  del  verdadero  sentido de la  meditación  y  no  disfrutar  de  tu  vida. Haz  lo máximo  que  puedas,  y  tal  vez  aprenderás  que  independientemente  del  tiempo  que  medites, puedes vivir, amar y ser feliz».

Si haces lo máximo que puedas, vivirás con gran intensidad. Serás productivo,  y serás bueno contigo mismo porque te entregarás á tu familia, á tu comu nidad, a  todo.  Pero  la  acción  es  lo  que  te  hará  sentir  inmensamente  feliz. 

Siempre  que  haces lo máximo que puedes, actúas. Hacer lo máximo que puedas significa actuar  porque amas hacerlo, no  porque esperas  una recompensa. La mayor parte de las  personas  hacen  exactamente  lo  contrario:  sólo  emprenden  la  acción  cuándo  esperan una recompensa, y no disfrutan de  ella. Y  ese  es el motivo por  el que no  hacen lo máximo que pueden.

Por  ejemplo, la mayoría  de las  personas  van  á trabajar y piensan únicamente en el  día de  pago y en el  dinero que obtendrán  por su trabajo. Están impacientes  esperando á que llegue el viernes o el sábado, el día en el que reciben su salario y  pueden tomarse  unas horas libres. Trabajan  por su recompensa, y el resultado  es  que se resisten al  trabajo. Intentan  evitar la acción;  ésta  entonces se vuelve cada  vez más difícil, y esos hombres no hacen lo máximo que pueden.

Trabajan  muy  duramente  durante  toda  la  sema na,  soportan  el  trabajo,  soportan la acción, no porque les guste, sino porque sienten que es lo que  deben  hacer. Tienen que trabajar porque han de pagar el alquiler y mantener a su familia. 


Frustración


Son  hombres  frustrados,  y  cuando  reciben  su  paga, no se  sienten  felices. 

Tienen  dos días para  descansar,  para  hacer lo que les  apetezca, ¿y qué  es lo que  hacen?  Intentan escaparse. Se emborrachan porque no se gustan a sí mismos. No les gusta  su vida. Cuando no nos gusta cómo somos, nos herimos de muy diversas maneras.

Sin embargo, si emprendes la acción por el puro placer de hacerlo, sin esperar  una  recompensa,  descubrirás  que  disfrutas  de  cada  cosa  que  llevas  a  cabo.  Las  recompensas  llegarán,  pero  tú  no  estarás  apegado  a  ellas.  Si  no  esperas  una  recompensa,  es  posible  que  incluso  llegues  a  conseguir  más  de  lo  que  hubieses  imaginado.  Si  nos  gusta  lo  que  hacemos  y  si  siempre  hacemos  lo  máximo  que  podemos,  entonces  disfrutamos  realmente  de  nuestra  vida.  Nos  divertimos,  no nos aburrimos y no nos sentimos frustrados.

Cuando haces lo máximo que puedes, no le das al Juez la oportunidad de que  dicte  sentencia  y  te  considere  culpable.  Si  has  hecho  lo  máximo  que  podías  y  el  Juez intenta juzgarte basándose en tu Libro de la Ley, tú tienes la respuesta: «Hice  lo  máximo  que  podía».  No  hay  reproches.  Ésta  es  la  razón  por  la  cual  siempre  hacemos lo máximo que  podemos.  No es un  acuerdo  que sea fácil  de mantener,  pero te hará realmente libre.

Cuando  haces lo máximo que  puedes, aprendes a aceptarte a ti mismo, pero  tienes  que  ser  consciente  y  aprender  de  tus  errores.  Eso  significa  practicar,  comprobar los resultados con honestidad y continuar practicando. Así se expande  la conciencia.

Cuando haces lo máximo que puedes no parece que trabajes, porque disfrutas  de todo lo que haces. Sabes que haces lo máximo que puedes cuando disfrutas de  la  acción  o  la  llevas  a cabo  de  una manera  que  no  te  repercute  negativamente.


Fiesta

Haces  lo  máximo  que  puedes  porque  quieres  hacerlo,  no  porque  tengas  que  hacerlo, ni por complacer al juez o a los demás.

Si  emprendes  la  acción  porque  te  sientes  obligado,  entonces,  de  ninguna  manera  harás  lo  máximo  que  puedas.  En  ese caso,  es  mejor  no  hacerlo.  Cuando  haces lo máximo que puedes, siempre te  sientes muy feliz ; por eso lo haces. Cuando  haces lo máximo  que puedes por el mero placer de  hacerlo,  emprendes la acción  porque disfrutas de ella.

La acción consiste en vivir con plenitud. La inacción es nuestra forma de negar  la vida,  y consiste en sentarse  delante  del televisor cada día durante años  porque  te da miedo estar vivo y arriesgarte a expresar lo que eres.

Expresar lo que eres es  emprender  la  acción.  Puede  que  tengas  grandes ideas  en  la  cabeza,  pero  lo  que  importa  es  la  acción.  Una  idea,  si  no  se  lleva  a  cabo,  no  producirá  ninguna  manifestación, ni resultados ni recompensas.

La historia de Forrest Gump es un buen ejemplo. No tenía grandes ideas, pero  actuaba.  Era feliz  porque  hacía  lo  máximo que  podía  en  todo lo  que  emprendía.  Recibió importantes recompensas que no había esperado.

Emprender la acción es  estar  vivo.  Es  arriesgarse  a  salir  y  expresar  tu  sueño.  Esto  no  significa  que  se  lo  impongas a los demás, porque todo el mundo tiene derecho a expresar su  propio  sueño.

Hacer  lo máximo  que puedas  es  un  gran  hábito que  te conviene adquirir.  Yo  hago  lo  máximo  que  puedo  en  todo  lo  que  emprendo  y  siento. 

Hacerlo  se  ha  convertido en un ritual que forma parte de mi vida, porque yo escogí que así fuese.

Es  una  creencia,  como  cualquier  otra  de  las  que  he  elegido  tener.  Lo  convierto  todo  en un ritual  y siempre  hago lo máximo  que puedo.  Para mí, ducharse  es  un  ritual; con esta acción le digo a mi cuerpo lo mucho que lo amo. Disfruto al sentir  el agua correr por mi cuerpo. Hago lo máximo que puedo para que las necesidades  de mi cuerpo se vean satisfechas, para cuidarlo y para recibir lo que me da.

En la India celebran un ritual denominado puja. En él cogen unas imágenes que  representan a  Dios de muy diversas maneras  y las  bañan, les  dan de comer y les  ofrecen su amor. Incluso les cantan mantras. Las imágenes no son importantes en  sí. Lo que importa es la forma en que celebran el ritual, el modo en que dicen: «Te  amo, Dios».  Dios es vida. Dios es vida en acción. La mejor manera de decir: «Te amo, Dios»,  es  vivir  haciendo  lo  máximo  que  puedas. 

La  mejor  manera  de  decir:  «Gracias,  Dios», es dejar ir  el pasado y vivir  el momento presente, aquí  y ahora.  Sea lo que  sea lo que la vida te arrebate, permite que se vaya. Cuándo te entregas y dejas ir el  pasado,  te  permites  estar  plena mente vivo en el momento  presente. Dejar  ir  el  pasado significa disfrutar del sueño que acontece ahora mismo.

Si vives en un sueño del pasado, no disfrutas de lo que sucede en el momento  presente,  porque  siempre  deseas  que  sea  distinto.  No  hay  tiempo  para  que  te  pierdas  nada  ni á  nadie,  porque estás  vivo.  No  disfrutar  de  lo que  sucede  ahora  mismo  es  vivir  en  el  pasado,  es  vivir  sólo  á  medias

Esto  conduce  á  la  autocompasión, el sufrimiento y las lágrimas.

Naciste  con  el  derecho  de  ser  feliz.  Naciste  con  el  derecho  de  amar,  de  disfrutar y de compartir tu amor. Estás vivo, así que toma tu vida y disfrútala.

No te  resistas  á  que  la  vida  pase  por  ti,  porque  es  Dios  que  pasa  á  través  de  ti.  Tu  existencia  prueba,  por  sí  sola,  la  existencia  de  Dios.  Tu  existencia  prueba  la  existencia de la vida y la energía.

No  necesitamos  saber  ni probar  nada.  Ser,  arries garnos  á vivir  y  disfrutar  de  nuestra vida, es lo único que importa. Di que no cuándo quieras decir que no, y di  que sí cuándo  quieras decir  que sí. Tienes  derecho á ser  tú mismo. Y sólo puedes  serlo  cuándo  haces  lo  máximo  que  puedes. 

Cuándo  no  lo  haces,  te  niegas  el  derecho á  ser tú mismo. Ésta es una semilla que deberías nutrir  en  tu mente.  No ,necesitas  muchos  conocimientos  ni  grandes  conceptos  filosóficos.  No  necesitas  que los demás te acepten. Expresas tu propia divinidad mediante tu vida y el amor  por ti mismo y por los demás. Decir: «Eh, te amo», es una expresión de Dios.

Los  tres primeros  acuerdos sólo funcionarán  si  haces lo máximo  que  puedas.  No  esperes  ser  siempre  impecable  con  tus  palabras.  Tus  hábitos  rutinarios  son  demasiado fuertes y están firmemente arraigados en tu mente.

Pero puedes hacer lo  máximo  posible.  No  esperes  no  volver  nunca  más  á  tomarte las cosas  personal mente; sólo  haz lo máximo que puedas.  No esperes  no hacer nunca más  ninguna suposición, pero sí puedes hacer lo máximo posible.

Si  haces  lo  máximo  que  puedas,  hábitos  como  emplear  mal  tus  palabras,  tomarte  las  cosas  personalmente  y  hacer  suposiciones  se  debilitarán  y  con  el  tiempo, serán menos frecuentes. No es necesario que te juzgues á ti mismo, que te  sientas culpable o que te castigues por no ser capaz de mantener estos acuerdos.

Cuándo  haces  lo  máximo  que  puedes,  te  sientes  bien  contigo  mismo  aunque  todavía  hagas  suposiciones,  aunque  todavía  te  tomes  las  cosas  personalmente  y  aunque todavía no seas impecable con tus palabras.

Si siempre haces lo máximo que  puedas,  una y  otra vez, te convertirás  en un  maestro  de  la  trans formación.  La  práctica  forma  al  maestro.  Cuando  haces  lo  máximo  que  puedes,  te  conviertes  en  un  maestro.  Todo  lo  que  sabes  lo  has  aprendido mediante la repetición.  Aprendiste así a  escribir, a conducir  e incluso a  andar. Eres un maestro hablando tu lengua porque la has practicado. La acción es  lo que importa.

Si haces lo máximo que puedas en la búsqueda de tu libertad personal y de tu  autoestima,  descubrirás  que  encontrar lo  que buscas  es sólo cuestión de  tiempo.

No  se  trata  de  soñar  despierto  ni  de  sentarse  varias  horas  a  soñar  mientras  meditas.  Debe  ponerte  en  pie  y  actuar  como  un  ser  humano.  Debes  honrar  al  hombre  o  la  mujer  que  eres.  Debes  respetar  tu  cuerpo,  disfrutarlo,  amarlo,  alimentarlo, limpiarlo  y sanarlo. Ejercítalo y haz todo lo  que le haga sentirse bien.

Esto es una puja para tu cuerpo, es una comunión entre Dios y tú.  No  es  necesario que adores á ninguna imagen de la Virgen María, de  Cristo o
de Buda. Puedes hacerlo si quieres; si te hace sentir bien, hazlo. Tu propio cuerpo  es  una  manifestación  de  Dios,  y  si  honras  á  tu  cuerpo,  todo  cambiará  para  ti.  Cuándo des amor á todas las partes de tu cuerpo, plantarás semillas de amor en tu  mente, y cuándo crezcan, amarás, honrarás y respetarás tu cuerpo inmensamente.

Entonces,  toda  acción se convertirá  en  un  ritual mediante  el  cuál  honrarás  á  Dios.  Después  de  esto,  el  siguiente  paso  consistirá  en  honrar  á  Dios  con  cada  pensamiento, con cada emoción, con cada creencia, tanto si es «correcta» como si  es  «incorrecta».  Cada  pensamiento  se  convertirá  en  una  comunión  con  Dios  y  vivirás  un  sueño  sin  juicios,  sin  ser  una  víctima  y  libre  de  la  necesidad  de  chismorrear y maltratarte.

Cuándo honres estos cuatro acuerdos juntos, ya no vivirás más  en el infierno.  Definitivamente,  no.  Si  eres  impecable  con  tus  palabras,  no  te  tomas  nada  personalmente, no haces suposiciones y siempre haces lo máximo que puedas, tu  vida será maravillosa y la controlarás al cien por cien.

Los Cuatro Acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una  de  las  maestrías  de  los  toltecas.  Transformas  el  infierno  en  cielo.  El  sueño  del  planeta  se  transforma  en  tu  sueño  personal  del  cielo.  El  conocimiento  está  ahí;  sólo  espera  á  que  tú  lo  utilices.  Los  Cuatro  Acuerdos  están  ahí;  sólo  tienes  que  adoptarlos y respetar su significado y su poder.

Lo  único  que  tienes  que  hacer  es  lo  máxi mo  que  puedas  para  honrar  estos  acuerdos.  Establece  hoy  este acuerdo: «Elijo  respetar  los  Cuatro  Acuerdos».  Son  tan  sencillos  y  lógicos  que  incluso  un  niño  puede  entenderlos.  Pero  para  mantenerlos,  necesitas  una  voluntad fuerte,  una voluntad muy fuerte. ¿Por qué?


Camino

Porque  vayamos  donde  vayamos  descubrimos  que  nuestro  camino  está lleno  de  obstáculos.  Todo  el  mundo  intenta  sabotear  nuestro  compromiso  con  estos  nuevos  acuerdos,  y  todo  lo  que  nos  rodea  está  estructurado  para  que  los  rompamos. El  problema reside en los  otros  acuerdos que forman parte del sueño  del planeta. Están vivos y son muy fuertes.

Por está razón es necesario que seas un gran cazador, un gran guerrero capaz  de  defender  los  Cuatro  Acuerdos  con  tu  vida. Tu  felicidad,  tu  libertad,  toda  tu  manera  de  vivir  dependen  de  ello.  El  objetivo  del  guerrero  es  trascender  este  mundo,  escapar de este infierno y no regresar jamás á  él.  Tal como  nos enseñan  los  toltecas,  la  recompensa  consiste  en  trascender  la  experiencia  humana  del  sufrimiento, y convertirse en la encarnación de Dios.

Esa es la recompensa.  Verdaderamente,  para  triunfar  en  el  cumplimiento  de  estos  acuerdos,  necesitamos  utilizar  todo  el  poder  que  tenemos.  Al principio,  yo  no  creía  que  pudiera ser capaz de hacerlo. He fracasado muchas veces, pero me levanté y seguí  adelante.  No  me  compadecí  de  mí  mismo. 

De  ninguna  manera  iba  á  compadecerme  de  mí  mismo.  Dije:  «Si  me  caigo,  soy  lo  bastante  fuerte,  lo  bastante inteligente, ¡puedo hacerlo!». Me levanté y seguí adelante. Me caí y seguí  adelante,  y  adelante,  y  cada  vez  me  resultó  más  y  más  fácil.  Sin  embargo,  al  comienzo era tan duro y tan difícil ...

De modo  que,  si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez la satisfacción de  convertirte  en  una víctima.  No,  sé  firme  contigo  mismo.  Levántate  y establece  el  acuerdo  de  nuevo:  «Está  bien,  rompí  el  acuerdo  de  ser  impecable  con  mis  palabras.  Empezaré  otra  vez  desde  el  principio.  Voy  a  mantener  los  Cuatro  Acuerdos sólo por hoy. Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomaré nada  personalmente, no haré suposiciones y haré lo máximo que pueda».

Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente.
 

Al principio será difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un día,  descubrirás  que los Cuatro  Acuerdos  dirigen  tu vida. Te sorprenderá  ver cómo se  ha transformado tu existencia.

No es necesario que seas religioso ni que vayas a la iglesia cada día. Tu amor y  tu  respeto  por  ti  mismo  crecen  incesantemente.  Puedes  hacerlo.  


Si  yo  lo  hice,  también tú puedes hacerlo. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en el  día de hoy y permanece  en  el momento presente. Vive el día a día.  Haz  siempre lo  máximo  que  puedas   por  mantener  estos  acuerdos,  y  pronto  te  resultará  sencillo.

Hoy es el principio de un nuevo sueño.




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