miércoles, 29 de noviembre de 2017

Primer Acuerdo: Se impecable con tus palabras





Miguel Ruiz LOS CUATRO ACUERDOS
Un libro de la Sabiduría Tolteca



II  EL PRIMER ACUERDO

Sé impecable con tus palabras

Palabras


 El primer  acuerdo es  el  mas importante  también  el más  difícil  de  cumplir.  Es  tan importante que sólo con él ya serás capaz de alcanzar el nivel de existencia que  yo denomino «el cielo en la tierra».
El  Primer  Acuerdo  consiste  en  ser  impecable  con  tus  palabras .  Parece  muy  simple, pero es sumamente poderoso.

¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes para crear.

Son  un don  que proviene  directamente  de  Dios.  En la Biblia,  el Evangelio de San Juan  empieza diciendo: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el  Verbo era Dios». Mediante las palabras expresas tu poder creativo, lo revelas todo.

Independientemente de la lengua que hables, tu intención se pone de manifiesto a  través de las  palabras. Lo  que  sueñas,  lo  que sientes  y  lo  que realmente  eres, lo  muestras por medio de las palabras.

No son sólo sonidos o símbolos escritos. Son una fuerza; constituyen el poder  que tienes para expresar  y comunicar, para pensar y,  en consecuencia, para crear  los acontecimientos de tu vida. Puedes hablar. ¿Qué otro animal del planeta puede  hacerlo?  Las  palabras  son  la  herramienta  más  poderosa  que  tienes  como  ser  humano,  el  instrumento  de  la  magia.  


Pero  son  como  una  espada  de  doble  filo:  pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es  el  uso  erróneo  de  las  palabras,  que  crea  un  infierno  en  vida.  El  otro  es  la  impecabilidad  de  las  palabras,  que  sólo  engendrará  belleza,  amor y  el  cielo en la  tierra. Según cómo las utilices, las  palabras te liberarán o  te esclavizarán aún más  de lo  que  imaginas.  Toda la  magia  que  posees  se basa  en  tus  palabras.  Son  pura  magia, y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.

Pelea


Esta  magia  es  tan  poderosa,  que  una  sola  palabra  puede  cambiar  una  vida o  destruir  a  millones de personas. Hace  años,  en  Alemania,  mediante  el  uso  de  las  palabras, un hombre manipuló a un país entero de gente muy inteligente. Los llevó  a  una guerra  mundial  sólo  con  el  poder  de  sus  palabras.  Convenció  a  otros  para  que cometieran los más atroces  actos  de  violencia.  Activó  el miedo  de la gente,  y  de pronto, como  una gran  explosión,  empezaron las matanzas y  el mundo  estalló  en  guerra.  En  todo  el  planeta  los  seres  humanos  han  destruido  a  otros  seres  humanos  porque  tenían  miedo.  Las  palabras  de  Hitler,  que  se  basaban  en  creencias y acuerdos generados por el miedo, serán recordadas durante siglos.

La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están  plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. Tú plantas  una  semilla, un pensamiento, y éste crece. 


Las palabras son como semillas, ¡y la mente  humana  es  muy  fértil!  El  único  problema  es  que,  con  demasiada  frecuencia,  es  fértil para las semillas del miedo. Todas las mentes humanas son fértiles, pero sólo  para la clase de semilla para la que están preparadas. Lo importante es descubrir  para  qué  clase  de  semillas  es  fértil  nuestra  mente,  y  prepararla  para  recibir  las  semillas del amor.

Fíjate  en el  ejemplo de Hitler:  Sembró todas aquellas semillas  de miedo,  que  crecieron  muy  fuertes  y  consiguieron  una  extraordinaria  destrucción masiva.

Teniendo en cuenta el pavoroso poder de las palabras, debemos comprender cuál  es  el  poder  que  emana  de  nuestra boca.  Si  plantamos  un  miedo  o  una  duda  en  nuestra mente, creará una serie interminable de acontecimientos.

Una palabra es  como  un  hechizo,  y  los  humanos  utilizamos  las  palabras  como  magos  de  magia  negra, hechizándonos los unos a los otros impruden temente.

Todo ser humano  es un mago, y  por medio de las palabras,  puede hechizar a  alguien o liberarlo  de un hechizo.  Continuamente estamos lanzando  hechizos con  nuestras opiniones. Por ejemplo, me encuentro con un amigo y le doy una opinión  que se me acaba de ocurrir. Le digo: «¡Mmmm! Veo en tu cara el color de los que  acaban teniendo cáncer». Si escucha esas palabras y está de acuerdo, desarrollará  un cáncer en menos de un año. Ese es el poder de las palabras.

Durante  nuestra  domesticación, nuestros padres  y  hermanos  expresaban  sus  opiniones  sobre nosotros sin  pensar.  Nosotros  nos  creíamos  lo  que  nos decían  y  vivíamos  con  el  miedo  que  nos  provocaban  sus  opiniones,  como  la  de  que  no  servíamos para ... nadar, para los deportes  o para  escribir. Alguien da una  opinión  y  dice: «¡Mira qué niña tan fea!». La niña lo oye, se cree que es fea y crece con esa  idea en la cabeza. No importa lo guapa que sea; mientras mantenga ese acuerdo,  creerá que es fea. Estará bajo ese hechizo.

Este  acuerdo  es  muy  difícil  de  romper,  y  es  posible  que  te  lleve  a  realizar  muchas  cosas  con  el  único  fin  de  convencerte  de  que  realmente  eres  estúpido.

Puede  que  hagas  algo  y  te  digas  a  ti  mismo:  «Me  gustaría  ser  inteligente,  pero  debo  de ser estúpido, porque si no lo fuera, no  habría hecho  esto». La mente se  mueve  en  cientos  de  direcciones  diferentes  y  podríamos  pasarnos  días  enteros  atrapados únicamente por la creencia en nuestra propia estupidez.

Pero un día alguien capta tu atención y con palabras te hace saber que no eres  estúpido. Crees lo que esa persona dice y llegas aun nuevo acuerdo. Y el resul tado  es que dejas de sentirte o de actuar como un estúpido. Se ha roto todo el hechizo  sólo  con  la  fuerza  de  las  palabras.  Y  a  la  inversa,  si  crees  que  eres  estúpido  y  alguien  capta  tu  atención  y  te  dice: «Sí,  realmente  eres la  persona  más estúpida  que  jamás  he  conocido», el  acuerdo  se  verá  reforzado  y  se  volverá  todavía  más firme.

Veamos  ahora  lo  que  significa  la  palabra  «impecabilidad».  Significa  «sin
pecado». «Impecable» proviene del latín  pecatus,  que quiere decir «pecado». El  im   significa «sin», de modo que «impecable» quiere decir «sin pecado».

Las religiones  hablan  del  pecado  y  de  los  pecadores,  pero  entendamos  qué  significa  realmente  pecar.  Un  pecado  es  cualquier  cosa  que  haces  y  que  va  contra  ti.  Todo  lo  que  sientas,  creas  o  digas  que  vaya  contra  ti  es  un  pecado.  Vas  contra  ti  cuando  te  juzgas y te culpas por cualquier cosa. No pecar es hacer exactamente lo contrario.

Ser  impecable  es  no  ir  contra  ti  mismo.  Cuando  eres  impecable,  asumes  la  responsa bilidad de tus actos, pero sin juzgarte ni culparte.

Desde este punto de vista, todo el concepto de pecado deja de ser algo moral  o  religioso  para  convertirse  en  una  cuestión  de  puro  sentido  común.  El  pecado  empieza  con  el  rechazo  de  uno  mismo.  El  mayor  pecado  que  cometes  es  rechazarte  a  ti  mismo.  En  términos  religiosos,  el  autorrechazo  es  un  «pecado  mortal»,  es  decir  que  te  conduce  a  la  muerte.  En  cambio,  la  impecabilidad  te  conduce a la vida.

Ser impecable con tus palabras es no utilizarlas contra ti mismo. Si te veo en la  calle  y  te  llamo  estúpido,  puede  parecer  que  utilizo  esa  palabra  contra  pero ti, en  realidad la utilizo contra mí mismo, porque tú me odiarás por ello y tu odio no será  bueno para mí. Por lo tanto, si me enfurezco  y con mis palabras te  envío todo mi  veneno emocional, las estoy utilizando en mi contra.

Si me  amó a mí mismo,  expresaré  ese amor  en mis relaciones contigo  y seré  impecable con mis palabras, porque la acción provoca una reacción semejante.

Si  te amó,  tú  me  amarás.  Si te  insultó,  me  insultarás.  Si  siento  gratitud por  ti, tú la  sentirás por mí. Si soy egoísta contigo, tú lo serás conmigo. Si utilizó mis palabras  para hechizarte, tú emplearás las tuyas para hechizarme a mí.

Ser impecable con tus  palabras significa  utilizar tu  energía correctamente, en  la dirección  de la verdad  y  del  amor  por  ti mismo.  Si llegas a  un acuerdo contigo  para ser impecable con tus palabras, eso bastará para que la verdad se manifieste  a través de ti y limpie todo el veneno emocional que hay en tu interior. Pero llegar  a  este  acuerdo  es  difícil,  porque  hemos  aprendido  a  hacer  precisamente  todo lo  contrario. Hemos aprendido a hacer de la mentira un hábito al comunicarnos con  los  demás,  y  aún  mas  importante,  al  hablar  con  nosotros  mismos.  No  somos  impecables con nuestras palabras. 


Tuuuuu


En  el  infierno,  el  poder  de  las  palabras  se  emplea  de  un  modo  totalmente  erróneo.  Las  usamos  para  maldecir,  para  culpar,  para  reprochar,  para  destruir.

También  las utilizamos  correctamente,  por  supuesto,  pero no lo  hacemos  muy  a  menudo.  Por  lo  general,  empleamos  las  palabras  para  propagar  nuestro  veneno  personal: para expresar rabia, celos, envidia y odio. Las palabras son pura magia ‐ el  don más  poderoso  que tenemos como seres  humanos ‐  y las  utilizamos contra  nosotros  mismos.  Planeamos  vengarnos  y  creamos  caos  con  las  palabras.  Las  usamos para fomentar el odió entre las distintas razas, entre diferentes personas,  entre las familias,  entre  las  naciones  ... Hacemos un mal  usó  de  las  palabras  con  gran frecuencia, y así es como creamos y perpetuamos el sueño del infierno. Con el  usó  erróneo  de  las  palabras,  nos  perjudicamos  los  unos  a  los  otros  y  nos  mantenemos mutuamente  en  un  estado  de miedo  y duda.  Dado  que las palabras  son  la  magia  que  poseemos  los  seres  humanos  y  su  uso  equivocado  es  magia  negra, utilizamos la magia negra constantemente sin tener la menor idea de ello.

Por  ejemplo,  había  una  vez  una  mujer  inteli gente  y  de  gran  corazón.  Esta  mujer tenía una hija a la que adoraba. Una noche llegó a casa después de un duro  día de trabajo, muy cansada, tensa y con un terrible dolor de cabeza. Quería paz y  tranquilidad,  pero  su  hija  saltaba  y  cantaba  alegremente.  No  era  consciente  de  cómo  se  sentía  su  madre;  estaba  en  su  propio  mundo,  en  su  propio  sueño.  Se  sentía de maravilla y saltaba y cantaba cada vez más fuerte, expresando su alegría  y su amor.  Cantaba  tan fuerte que  el  dolor  de cabeza  de su madre aún  empeoró  más,  hasta  que, en un momento determinado,  la  madre  perdió  el  control. Miró  muy  enfadada  a  su preciosa  hija y  le  dijo: «¡Cállate!  Tienes  una  voz  horrible.  ¿Es  que no puedes estar callada?».

Lo cierto es que, en ese momento, la tolerancia de la madre frente a cualquier  ruido era inexistente; no era que la voz de su hija fuera horrible. Pero la hija creyó  lo que le dijo su madre y llegó a un acuerdo con ella misma. Después de esto ya no  cantó  más,  porque  creía  que  su  voz  era  horrible  y  que  molestaría  a  cualquier  persona que la oyera. En la escuela se volvió tímida, y si le pedían que cantase, se  negaba  a  hacerlo.  Incluso  hablar  con  los  demás  se  convirtió  en  algo  difícil.  Ese  nuevo acuerdo hizo que todo cambiase para esa niña: creyó que debía reprimir sus  emociones para que la aceptasen y la amasen.

Siempre que escuchamos una opinión y la creemos, llegamos a un acuerdo que  pasa  a  formar  parte  de  nuestro  sistema  de  creencias.  La  niña  creció,  y  aunque  tenía  una  bonita  voz,  nunca volvió a cantar.  Desarrolló un  gran complejo  a causa  de  un  hechizo,  un  hechizo  lanzado  por  la  persona  que  más  la  quería:  su  propia  madre,  que  no  se  dio  cuenta  de lo  que  había  hecho  con  sus  palabras.  No  se  dio  cuenta de que había utilizado magia negra y había hechizado a su hija.

Desconocía  el poder de sus palabras, y por consiguiente no se la puede culpar. Hizo lo que su  propia  madre,  su  padre  y  otras  personas  habían  hecho  con  ella  de  muchas  maneras diferentes: utilizar mal sus palabras.

¿Cuántas  veces hacemos lo  mismo con  nuestros  propios  hijos?  Les  lanzamos  opiniones de este tipo y ellos cargan con esa magia negra durante años y años. Las  personas  que  nos  quieren  emplean magia negra con  nosotros,  pero no saben lo  que hacen. Por ello debemos perdonarlos, porque no saben lo que hacen.

Otro  ejemplo:  Te  despiertas  por  la  mañana  sintiéndote  muy  contenta.  Te  sientes  tan  bien,  que  te  pasas  dos  horas  delante  del  espejo  arreglándote.


Entonces,  una  de  tus  mejores  amigas  te  dice:  «¿Qué  te  ha  pasado?  Estás  horrorosa. Mira tu  vestido;  haces  el ridículo». Ya está; con eso  es suficiente  para  enviarte a lo más profundo del infierno. Quizás esa amiga te hizo este comentario  sólo  para herirte,  y lo  consiguió.  Te dio  una  opinión que  llevaba  tras ella  todo  el  poder  de  sus  palabras.  Si  aceptas  esa  opinión,  se  convierte  en  un  acuerdo,  y  entonces tú misma pones todo tu poder en esa opinión, que se convierte en magia  negra.

Los hechizos de este tipo son difíciles de romper. La única manera de deshacer  un hechizo es llegar a un nuevo acuerdo que se base en la verdad. La verdad es el  aspecto más importante  del  hecho  de  ser impecable con tus palabras. La  espada  tiene  dos filos:  en uno están las mentiras que crean la magia  negra,  y  en  el otro,  está la verdad que tiene el poder de deshacer los hechizos. Sólo la verdad nos hará  libres.

Considera  las  relaciones  humanas  diarias,  e  imagínate  cuántas  veces  nos  lanzamos hechizos los unos a los otros con nuestras palabras. Con el tiempo, esto  se ha convertido en la peor forma de magia negra: son los  chismes


Lapidación


Los  chismes  son  magia  negra  de  la  peor  clase,  porque  son  puro  veneno. 


Aprendimos a contar chismes por acuerdo.  De niños,  escuchábamos a los adultos  que nos rodeaban chismorrear sin parar y expresar abiertamente su opinión sobre  otras personas. Incluso opinaban sobre gente a la que no conocían. Mediante esas  opiniones, transferían su veneno emocional, y nosotros aprendimos que ésta era la  manera normal de comunicarse.

Contar chismes se ha convertido  en la principal forma  de comunicación en la  sociedad  humana.  Es  la  manera  que  utilizamos  para  sentirnos  cerca  de  otras  personas, porque ver que alguien se siente tan mal como nosotros, nos hace sentir  mejor.

Hay una vieja expresión que dice: «A la miseria le gusta estar acompañada», y  la gente que sufre en el infierno no quiere estar sola. El miedo y el sufri miento son  un aspecto importante  del sueño del  planeta; son la razón de  que  ese sueño  nos  continúe reprimiendo.

Si hacemos una  analogía  y comparamos la mente humana con un ordenador,  el  chismorreo  es  comparable  a  un  virus  informático,  que  no  es  más  que  un  programa  escrito  en  el  mismo  lenguaje  que  los  demás,  pero  con  una  intención  dañina. Se introduce en el ordenador cuando menos te lo esperas, y en la mayoría  de los casos, sin que ni siquiera te des cuenta. Una vez se ha introducido en él, tu  ordenador no  va  demasiado bien o  no funciona  en absoluto, porque  todo se lía  y  hay  tal  cantidad  de  mensajes  contradictorios  que  resulta  imposible  obtener  resultados satisfactorios. 





El  chismorreo  entre  los  seres  humanos  funciona  de  la  misma  manera.  Por  ejemplo,  empiezas un curso con un nuevo profesor; es algo que  esperabas  desde  hace  mucho  tiempo.  El  primer  día  te  encuentras con  alguien  que  anteriormente  asistió a ese curso y te dice: «Ese profesor es un pedante y un pelmazo! No tiene ni  idea, y además, es un pervertido, de modo que ve con cuidado».

Las palabras de esa persona y las emociones que te transmitió cuando te hizo  este  comentario  se  te  quedan  inmediatamente  grabadas;  sin  embargo,  no  eres  consciente de qué motivos tenía para hacértelo. Quizás estaba enfadada por haber  suspendido,  o  simplemente  hacía  suposiciones  fundamentadas  en  el miedo  y  los  prejuicios. Pero dado que has aprendido a ingerir información como un niño, parte  de ti cree el chisme. Y en la clase, mientras el profesor habla, sientes que el veneno  aparece en tu interior y te resulta imposible comprender que lo ves a través de los  ojos  de la  persona  que te fue con el chisme.  Entonces,  empiezas  a  hablar  de  ello  con  los  otros  integrantes  del  curso,  hasta  que  acaban  por  ver  al  profesor  del  mismo modo: como un pelmazo y un pervertido. Realmente no soportas estar ahí,  y pronto decides dejar de ir. Culpas al profesor, pero el culpable es el chisme.

Un  pequeño  virus  informático  es  capaz  de  generar  un  lío  de  este  tipo. 

Una  mínima información  errónea  puede estropear la comunicación entre las  personas  e  infectar  a  todos  aquellos  que  toca,  que  a  su  vez  contagian  a  más  gente.

Imagínate  que  cuando  otras  personas  te  cuentan  chismes,  introducen  virus  informáticos  en  tu  mente  que  hacen  que  pienses  cada  vez  con  menor  claridad.

Después  imagina  que,  en  un  esfuerzo  por  aclarar  tu  propia  confusión  y  para  aliviarte  del  veneno,  tú  también  chismorreas  y  contagias  estos  virus  a  otras  personas.

Ahora,  imagínate  que  esta  pauta  prosigue  en  una  cadena  interminable  entre  todos los seres humanos de la Tierra. El resultado es un mundo lleno de personas  que  sólo pueden  obtener información  a  través  de  circuitos  que  están  obstruidos  por un virus venenoso y contagioso. Una vez más, este virus es lo que los toltecas  denominaron  mitote ,  el  caos  de  miles  de  voces  distintas  que  intentan  hablar  al  mismo tiempo en la mente.

Aún  peores son  los  magos  negros  o  «piratas informáticos»,  que  extienden el  virus intenciona damente. Recuerda alguna ocasión  en la  que  tú mismo (o alguien  que conozcas) estabas furioso con otra persona y deseabas vengarte de  ella. Para  hacerlo,  le  dijiste  algo con  la intención de  esparcir  el  veneno  y  conseguir  que  se  sintiera  mal  consigo  misma.  De  niños  actuamos  de  este  modo  casi  sin  darnos  cuenta, pero a medida que vamos creciendo, nuestros esfuerzos por desprestigiar  a la gente son mucho más calculados. 

Entonces, nos mentimos a nosotros mismos  y nos decimos que la persona en cuestión recibió un justo castigo por su maldad.

Cuando contemplamos el mundo a través de un virus informático, resulta fácil  justificar  incluso  el comportamiento  más  cruel.  No  somos  conscientes  de  que  el  mal uso de nuestras palabras nos hace caer más profundamente en el infierno.

Durante  años,  las  palabras  de  los  demás  nos  han  transmitido  chismes  y  nos  han  lanzado  hechizos,  pero  lo  mismo  ha  hecho  la  manera  en  que  utilizamos  las  palabras  con  nosotros mismos.  Nos  hablamos  constantemente,  y la  mayor  parte  del tiempo  decimos cosas como:



 «Estoy  gordo.  Soy feo. Me  hago viejo. Me estoy  quedando  calvo.  Soy  estúpido,  nunca  entiendo  nada.  Nunca  seré  lo  suficien temente  bueno.  Nunca  seré  perfecto».  ¿Ves  de  qué  modo  utilizamos  las  palabras contra nosotros mismos?  Es necesario  que  empecemos a comprender lo  que son las palabras y lo que hacen. Si entiendes el Primer Acuerdo ( Sé impecable  con  tus  palabras ),  verás  cuántos  cambios  ocurren  en  tu  vida.  En  primer  lugar,  cambios  en  tu  manera  de  tratarte  y  en  tu  forma  de  tratar  a  otras  personas,  especialmente aquellas a las que más quieres.

Piensa  en las innumerables veces  que has explicado chismes sobre  el ser  que  más amas para conseguir que otras personas apoyasen tu punto de vista. ¿Cuántas  veces has captado la atención de otras personas y has esparcido veneno sobre un  ser  amado  para  hacer que  tu  opinión  pareciese  correcta?  Tu  opinión  no  es  más  que  tu punto  de vista, y  no  tiene  por  qué ser necesariamente  verdad.  Tu  opinión  proviene  de  tus  creencias,  de  tu  ego  y  de  tu  propio  sueño.  Creamos  todo  ese  veneno y lo esparcimos entre otras personas sólo para sentir que nuestro punto de  vista es correcto.

Si  adoptamos  el  Primer  Acuerdo  y somos impecables  con  nuestras  pala bras,  cualquier  veneno  emocional  acabará  por  desaparecer  de  nuestra  mente  y  dejaremos  de  transmitirlo en nuestras relaciones personales, incluso con nuestro  perro o nuestro gato.

La impecabilidad de tus palabras también te proporcionará inmunidad frente a  cualquier persona que te lance un hechizo.  Solamente recibirás una idea negativa  si tu mente es un campo fértil para ella.

Cuando eres impecable con tus palabras, tu mente deja de ser un campo fértil  para las  palabras  que  surgen de la magia  negra,  pero  sí lo  es  para las que surgen  del  amor.  Puedes  medir  la  impeca bilidad  de  tus  palabras  a  partir  de  tu  nivel  de  autoestima. La cantidad de amor que sientes por ti es directamente proporcional a  la calidad e integridad de tus palabras. Cuando eres impecable con tus palabras, te  sientes bien, eres feliz y estás en paz.

Puedes  trascender  el  sueño  del  infierno  sólo  con  llegar  al  acuerdo  de  ser  impecable  con  tus  palabras.  Ahora  mismo  estoy  plantando  una  semilla  en  tu  mente. Que crezca o no, dependerá de lo fértil  que sea tu mente para recibir las  semillas  del  amor.  Tú  decides  si  llegas  o  no  a  establecer  este  acuerdo  contigo  mismo:  Soy impecable con mis palabras . Nutre esta semilla, y a medida que crezca en  tu  mente,  generará  más  semillas  de  amor  que  reemplazarán  a  las  del  miedo. 

El  Primer Acuerdo cambiará el tipo de semillas para las que tu mente resulta fértil.

Sé  impecable con  tus  palabras . Este es  el  primer  acuerdo al  que  debes llegar si  quieres  ser  libre,  ser  feliz y  trascender  el  nivel  de  existencia  del  infierno.  Es  muy  poderoso. Utiliza tus palabras apropiadamente. Empléalas para compartir tu amor.

Usa  la  magia  blanca  empezando  por  ti.  Dite  a  ti  mismo  que  eres  una  persona  maravillosa, fantástica. Dite cuánto te amas. Utiliza las palabras para romper todos  esos pequeños acuerdos que te hacen sufrir.

Es  posible.  Lo  es  porque  yo  mismo  lo  hice  y  no  soy  mejor  que  tú.  Somos  exactamente iguales. Tenemos el mismo tipo de cerebro, el mismo tipo de cuerpo;  somos  seres  humanos.  Si  yo  fui  capaz  de  romper  esos acuerdos  y  crear  otros  nuevos,  también  tú  puedes  hacerlo.  Si  yo  soy  impecable  con  mis  palabras,  ¿por  qué  no  tú?  Este  acuerdo,  por  sí  solo,  es  capaz  de  cambiar  toda  tu  vida.  La  impecabilidad  de  tus  palabras  te  llevará  a  la  libertad  personal,  al  éxito  y  a  la  abundancia; hará que el miedo desaparezca y lo transformará en amor y alegría. 




Aguila LIbre

Imagínate  lo  que  es  posible  crear  sólo  con  la  impecabilidad  de  las  palabras.  Trascenderás  el sueño del  miedo  y  llevarás  una  vida  diferente.  Podrás  vivir en  el  cielo en medio de miles de personas que viven en el infierno, porque serás inmune  a  él.  Alcanzarás  el  reino  de  los  cielos  con  este  acuerdo:  Sé  impecable  con  tus palabras .




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