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miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL CAMINO HACIA LA LIBERTAD




Miguel Ruiz LOS CUATRO ACUERDOS
Un libro de la Sabiduría Tolteca



 VI EL CAMINO HACIA LA LIBERTAD   


Romper viejos acuerdos
Acuerdo roto


Todos hablan de libertad. Distintas personas, diferentes razas y distintos países luchan  por  la  libertad  en  todo  el  mundo.  Pero  ¿qué  es  la  libertad?  En  Estados  Unidos  decimos  que  vivimos  en  un  país  libre.  Sin  embargo,  ¿somos  realmente  libres?  ¿Somos  libres  para  ser  quienes  realmente  somos?  La  respuesta  es  no,  no  somos libres. La verdadera libertad está relacionada con el espíritu humano: es la  libertad de ser quienes realmente somos.

¿Quién  nos  impide  ser  libres?  Culpamos  al  Gobierno,  al  clima,  a nuestros padres, a la religión, a Dios ...¿Quién nos impide, realmente, ser libres? Nosotros  mismos. ¿Qué significa, en realidad, ser libres? A veces nos casamos y decimos que  perde mos nuestra libertad, pero cuando nos divorciamos, seguimos sin ser libres.

¿Qué nos lo impide? ¿Por qué no podemos ser nosotros mismos?  Tenemos  recuerdos  de  tiempos  pasados  en  los  que  éramos  libres y disfrutábamos  de  ello, pero hemos olvidado lo que verdadera mente  significa  la  libertad.

Si vemos a un niño  de dos o tres años, o quizá  de cuatro, descubrimos  un ser  humano libre. ¿Por qué lo es? Porque hace lo que quiere hacer. El ser humano es  completamente salvaje,  igual  que  una  flor,  un  árbol o  un  animal  que  no  ha  sido  domesticado:  ¡salvaje!  Y  si  observamos  a  estos  seres  humanos  de  dos  años  de  edad, descubrimos que la mayor parte del tiempo sonríen y se divierten. Exploran  el  mundo.  No  les  da  miedo  jugar.  Sienten miedo cuando  se  hacen  daño,  cuando tienen hambre y cuando algunas de sus necesidades no se ven satisfechas; pero no  les  preocupa  el  pasado,  no  les  importa  el  futuro  y  sólo  viven  en  el  momento  presente.

Los niños muy pequeños no tienen miedo de expresar lo que sienten. Son tan  afectuosos  que, si perciben amor, se funden  en él. No les da miedo  el amor.


niño

Ésta es  la  descripción  de  un  ser  humano  normal.  De  niños,  no  le  tenemos  miedo  al  futuro ni nos avergonzamos del pasado. Nuestra tendencia natural es disfrutar de  la vida, jugar, explorar, ser felices y amar.

Pero ¿qué le ha pasado al ser humano adulto? ¿Por qué somos tan diferentes?

¿Por qué no somos  salvajes? Desde el punto  de vista  de la Víctima, diremos  que  nos ocurrió algo triste, y desde el punto de vista del guerrero, diremos que lo que nos  sucedió  fue  normal.  Lo  que  pasa  es  que  el  Libro  de  la  Ley,  el  gran  Juez,  la  Víctima y el sistema de creencias dirigen nuestra vida, y ya no somos libres porque  no  nos  permiten  ser  quienes  realmente  somos. 

Una  vez  nuestra  mente  ha  sido  programada con toda esa basura, dejamos de ser felices.

Esta  cadena  de  aprendizaje  que  se  transmite  de  un  ser humano a otro, de generación en generación,  es muy corriente  en la sociedad humana. No culpes  a  tus padres  por enseñarte a ser como  ellos. ¿Qué otra cosa  podían enseñarte sino  lo que sabían? Lo hicieron lo mejor que supieron,y si te maltrataron, fue debido a  su propia domesticación, a sus propios miedos y a sus propias creencias. No tenían  ningún control sobre la programación que ellos mismos recibieron, de modo  que  no podían actuar de otra forma.

No culpes a tus padres ni a ninguna otra persona que te haya maltratado en la  vida, incluyéndote a  ti mismo. Pero ya  es  hora  de  poner fin a  ese maltrato. Ya  es  hora de que te liberes de la tiranía del Juez y de que cambies los funda mentos de  tus propios acuerdos. Ya es hora de que te liberes del papel de Víctima.

Tu  verdadero  yo es  todavía un niño pequeño que nunca creció. En  ocasiones,  cuando te diviertes o juegas, cuando te sientes feliz, cuando pintas, escribes poesía  o tocas el piano, o cuando te expresas de cualquier otro modo, ese niño pequeño  reaparece.  Estos  son  los  momentos  más  felices  de  tu  vida:  cuando  surge  tu  yo  verdadero,  cuando  no  te  importa  el  pasado  y  no  te  preocupas  por  el  futuro.

Entonces eres como un niño.

Pero hay algo que cambia todo esto: son lo que llamamos  responsabilidades .

El  juez  dice: «Espera un momento, eres responsable, tienes cosas  que  hacer,  tienes  que  trabajar,  tienes  que  ir  a  la  universidad,  tienes  que  ganarte  la  vida».  Nos  acordamos  de  todas  estas  responsabilidades  y  la  expresión  de  nuestro  rostro  cambia  y  se  ensombrece  de  nuevo.  Si  observas  a  unos  niños  que  juegan  a  ser  adultos, verás de qué manera se transforma la expresión de su cara. Un niño dice:  «Juguemos  a  que  soy  un  abogado»,  e  inmediatamente  adopta  la  expresión  del  adulto.  Si  asistimos  a  un  juicio,  ésas  son  las  caras  que  vemos,  y  eso  es  lo  que  somos. Sin embargo, todavía somos niños, pero hemos perdido nuestra libertad.

La libertad que buscamos  es la  de ser nosotros mismos, la de expresarnos  tal  como somos. Sin  embargo, si observamos nuestra vida, veremos que, en lugar  de  vivir  para  complacernos  a  nosotros  mismos,  la  mayor  parte  del  tiempo  sólo  hacemos cosas para complacer a los demás, para que nos acepten. Esto es lo que  le  ha  ocurrido  a  nuestra  libertad.  En  nuestra  sociedad,  y  en  todas  las  sociedades  del mundo,  de cada mil personas, novecientas noventa  y nueve están  totalmente  domesticadas.

Lo peor de todo es que la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de que  no es libre. Algo en su interior se lo susurra, pero no lo comprende, y no sabe por  qué no es libre.

Para la mayoría  de las  personas,  el problema reside en que  viven sin llegar a  descubrir que  el Juez  y la Víctima  dirigen su vida, y  por consiguiente, no tienen la  menor oportunidad de ser libres. El primer paso hacia la libertad personal consiste  en ser conscientes de que no somos libres. Necesitamos ser conscientes de cuál es  el problema para poder resolverlo. El primer paso es siempre la conciencia, porque  hasta que no seas consciente no podrás  hacer  ningún cambio. Hasta que no seas  consciente  de  que  tu  mente  está  llena  de  heridas  y  de  veneno  emocional,  no  limpiarás ni curarás las heridas y continuarás sufriendo.

No hay ninguna razón para sufrir. Si eres consciente, puedes rebelarte y decir: «¡Ya  basta!».  Puedes  buscar  una  manera  de  sanar  y  transformar  tu  sueño personal. El sueño del planeta es sólo un sueño. Ni tan siquiera es real. Si entras en  el sueño y empiezas a poner en tela de juicio tu sistema de creencias, descubrirás  que la mayor  parte de las creencias que  abrieron heridas en  tu mente  ni siquiera  son  verdad.  Descubrirás  que  durante  todos  estos  años  has  vivido  un  drama  por  nada. ¿Por qué? Porque  el sistema de creencias  que te inculcaron está basado en  mentiras. 


Sueño

Por  ello  es  muy  importante  para  ti que  domines  tu  propio  sueño;  éste  es  el  motivo por el que los toltecas se convirtieron en maestros del sueño. Tu vida es la  manifestación  de  tu  sueño;  es  un  arte.  Y  puedes  cambiar  tu  vida  en  cualquier  momento si no disfrutas  de tu sueño. Los maestros del sueño crean una vida que  es una obra maestra; controlan el sueño a través de sus elecciones. Todo tiene sus  consecuencias, y un maestro del sueño es consciente de ellas.

Ser  un  tolteca  es  una  forma  de  vivir  en  la  cual  no  existen  los  líderes  ni  los  seguidores, donde tú tienes y vives tu propia verdad. Un tolteca se vuelve sabio, se  vuelve salvaje y se vuelve libre de nuevo.

Existen  tres  maestrías  que  llevan  a  la  gente  a  convertirse  en  toltecas.  La  primera  es  la  Maestría  de  la  Conciencia:  ser  conscientes  de  quiénes  somos  realmente,  con  todas  nuestras  posibilidades. 

La segunda es la Maestría de la Transformación: cómo cambiar, cómo liberarnos de la domesticación.

La tercera es  la Maestría del Intento: desde el punto de vista tolteca, el Intento es esa parte de  la vida que hace que la transformación de la energía sea posible; es el ser viviente  que envuelve toda energía, o lo que llamamos «Dios». Es la vida misma; es el amor  incondicional. La Maestría del Intento es, por lo tanto, la Maestría del Amor.

Hablamos  del  camino  tolteca  hacia  la  libertad  porque  los  toltecas  tienen  un  plan completo para liberarse de la domesticación.  


Muerte

Comparan al juez, a la Víctima y el sistema de creencias con un parásito  que  invade  la  mente  humana.  Desde  el  punto de vista tolteca, todos los seres humanos domesticados están enfermos. Lo  están  porque  un  parásito  controla  su  mente  y  su  cerebro,  un  parásito  que  se  alimenta de las emociones negativas que provoca el miedo.

Si  buscamos  la  descripción  de  un  parásito,  vemos  que  es  un  ser  vivo  que  subsiste  a  costa  de  otros seres  vivos,  chupa  su  energía sin  dar  nada  a  cambio  y  daña  a  su  anfitrión  poco  a  poco.  El  Juez,  la  Víctima  y  el  sistema  de  creencias  encajan muy bien en esta descripción. Juntos, constituyen un ser viviente formado  de  energía  psíquica  o  emocional,  y  esa  energía  está  viva.  No  se  trata  de  energía  material,  por  supuesto,  pero  las  emociones  tampoco  son  energía  material,  ni  lo  son nuestros sueños, y sin embargo, sabemos que existen.

Una  función  del  cerebro  es  la  de  transformar  la  energía  material  en  energía  emocional. Nuestro cerebro es una fábrica de emociones. Y ya hemos dicho que la  principal función de la mente es soñar. Los toltecas creen que el parásito ‐ el juez,  la  Víctima  y  el  sistema  de  creencias  ‐  controla  nuestra  mente  y  nuestro  sueño  personal.  El  parásito  sueña  en  nuestra  mente  y  vive  en  nuestro  cuerpo.  Se  alimenta  de  las  emociones  que  surgen  del  miedo,  y  le  encantan  el  drama  y  el  sufrimiento.

La libertad que buscamos consiste  en  utilizar nuestra  propia mente  y  nuestro  propio cuerpo, en vivir nuestra propia  vida en lugar de la vida  de  nuestro sistema  de creencias. Cuando descubrimos que nuestra mente está controlada por el Juez  y  la  Víctima  y  que  nuestro  verdadero  yo  está  arrinconado,  sólo  tenemos  dos  opciones. 

 Una  es  continuar  viviendo  como  lo hemos  hecho  hasta  ese  momento,  rindiéndonos al juez  y la  Víctima, seguir viviendo en el  sueño  del  planeta. La otra  opción  es  actuar  como  cuando  éramos  niños  y  nuestros  padres  intentaban  domesticarnos.

Podemos rebelarnos y decir: «¡No!». Podemos declarar una guerra contra  el  parásito,  contra  el  Juez  y  la  Víctima,  una  guerra  por  nuestra
independencia,  por el  derecho  de  utilizar nuestra propia mente  y nuestro  propio  cerebro.


Guerrero

Por este motivo, quienes siguen las tradiciones chamánicas de América, desde  Canadá hasta  Argentina,  se llaman a  sí mismos  guerreros , porque  están  en  guerra  contra el parásito de la mente. Esto es lo que significa en verdad ser un guerrero.

El guerrero es el que se rebela contra la invasión del parásito. Se rebela y le declara  la  guerra.  Pero  eso  no  quiere  decir que  siempre  se  gane;  quizá  ganemos  o quizá  perdamos, pero siempre hacemos lo máximo que podemos, y al menos tenemos la  oportunidad  de  recuperar  nuestra  libertad.  Elegir  este  camino  nos  da,  como  mínimo,  la  dignidad  de  la  rebelión  y  nos  asegura  que  no  seremos  la  víctima  desvalida de nuestras caprichosas emociones o de las emociones venenosas de los  demás. Incluso aunque sucumbamos ante el enemigo ‐ el parásito ‐ no estaremos  entre las víctimas que no se defienden.

En el mejor de los casos, ser un guerrero nos da la oportunidad de trascender  el sueño  del planeta  y cambiar  nuestro sueño personal por otro  al  que llamamos  cielo . Igual que el infierno, el cielo  es un lugar que existe  en nuestra mente.  Es un  lugar lleno de júbilo,  en  el  que somos felices, en el  que somos libres para  amar  y  para  ser  nosotros  mismos.  Podemos  alcanzar  el  cielo  en  vida;  no  tenemos  que  esperar  a  morirnos.  Dios  siempre  está  presente  y  el  reinó  de  los  cielos  está  en  todas partes, pero en primer lugar necesitamos que nuestros ojos sean capaces de  ver  la  verdad  y  nuestros  oídos  puedan  escucharla.  Necesitamos  librarnos  del  parásito.

Podemos comparar el parásito con un monstruo de cien cabezas. Cada una de  ellas  es  uno de  nuestros miedos.  Si queremos ser libres,  tenemos que  destruir el  parásito.  Una  solución  es atacar sus  cabezas  una a  una,  es  decir,  enfrentarnos  a  nuestros miedos uno a uno. Es un proceso lento, pero funciona.

Cada vez que nos  enfrentamos a uno de nuestros miedos, somos un poco más libres.

Una  segunda  solución  sería  dejar  de  alimentar  al  parásito.  Si  no  le  damos  ningún  alimentó,  lo  mataremos  por  inanición.  Para  poder  hacerlo,  tenemos  que  ser capaces de controlar nuestras  emociones, debemos abstenernos de alimentar  las  emociones  que  surgen  del  miedo.  Resulta  fácil  decirlo,  pero  es  muy  difícil  hacerlo, porque el Juez y la Víctima controlan nuestra mente.

Una  tercera  solución  es  la  que  se  denomina  la  iniciación  a  la  muerte .  Esta  iniciación  se  encuentra  en  muchas  tradiciones  y  escuelas  esotéricas  de  todo  el  mundo. La hallamos en Egipto, la India, Grecia y América. Es una muerte simbólica  que  mata  al  parásito  sin  dañar  nuestro  cuerpo. 


Sacrificio Humano

Cuando  «morimos»  simbólicamente,  el parásito también tiene que morir.  Esta solución es más rápida  que las dos anteriores, pero resulta todavía más difícil. Necesitamos un gran valor  para enfrentarnos al ángel de la muerte. Tenemos que ser muy fuertes.

Veamos más de cerca cada una de estas soluciones.

EL ARTE DE LA TRANSFORMACIÓN: EL SUEÑO DE LA SEGUNDA ATENCIÓN

Hemos  visto  que  el  sueño  que  vives  ahora  es  el resultado del  sueño  externo  que  capta  tu  atención  y  te  alimenta  con  todas  tus  creencias.   

El  proceso  de  domesticación puede llamarse el  sueño de  la primera atención , porque así utilizaron  por primera vez tu atención para crear el primer sueño de tu vida.

Una manera  de transformar tus creencias es concentrar  tu atención en  todos  esos acuerdos y cambiarlos tú mismo. Al hacerlo, utilizas tu atención por segunda  vez, y por consiguiente, creas el  sueño de la segunda atención  o el nuevo sueño.

La diferencia  estriba  en que ahora  ya no  eres inocente.  En  tu infancia  no  era  así;  no  tenías  otra  elección.  Pero  ya  no  eres  un  niño.  Ahora  puedes  escoger  qué  creer y qué no. Puedes elegir creer en cualquier cosa, y eso incluye creer en ti.

El primer  paso  consiste  en  ser  consciente  de la  bruma que  hay  en  tu  mente.

Debes darte cuenta  de que sueñas continuamente.  Sólo a  través  de la conciencia  serás capaz de transformar tu sueño. Cuando seas consciente de que todo el sueño  de  tu  vida  es  el  resultado  de  tus  creencias  y  de  que  lo  que  crees  no  es  real,  entonces  empezarás  a  cambiarlo.  

Sin  embargo,  para  cambiar  tus  creencias  de  verdad,  es  preciso  que  centres  tu  atención  en  lo  que  quieres  cambiar.  Debes  conocer los acuerdos que deseas cambiar antes de poder cambiarlos.

De  modo  que  el  siguiente  paso  es  volverte  consciente  de  todas  las  creencias  que te limitan, se basan en el miedo y te hacen infeliz. Haz un inventario de todo lo  que  crees,  de  todos  tus  acuerdos,  y  mediante  este  proceso,  empezarás  a  transformarte. Los toltecas llamaron a esto el Arte de la Transformación, y es una  maestría  completa. Alcanzas la Maestría de la Transformación  cambiando  los  acuerdos que  se  basan  en  el miedo  y  te  hacen  sufrir  y  reprogramando  tu  propia  mente a tu manera. Uno de los procedimientos para llevar esto a cabo consiste en  estudiar y adoptar creencias alternativas como los Cuatro Acuerdos. 



La decisión de adoptar los Cuatro Acuerdos es una declaración de guerra para  recuperar la libertad que te arrebató el parásito. Los Cuatro Acuerdos te ofrecen la  posibilidad  de  acabar con el  dolor  emocional, y  de  este modo te abren la  puerta  para  que  disfrutes  de  tu  vida  y  empieces  un  nuevo  sueño. Si estás interesado, explorar las posibilidades de  tu sueño sólo dependerá  de  ti.


Los  Cuatro  Acuerdos  se crearon para que nos resultaran de ayuda en el Arte de la Transformación, para  ayudarnos a romper los acuerdos limitativos,  aumentar  nuestro  poder  personal y  volvernos más fuertes. Cuanto más fuerte seas, más acuerdos romperás, hasta que  llegues a la misma esencia de todos ellos.

Llegar  a  la  esencia de  esos  acuerdos  es  lo  que  yo  llamo  ir  al  desierto .  Cuando  vas al desierto, te encuentras cara a cara con tus demonios. Una vez has salido de  él, todos esos demonios se convierten en ángeles.

Practicar los Cuatro Acuerdos es un gran acto de poder. Deshacer los hechizos  de magia  negra que  existen  en  tu  mente  requiere  un  gran  poder  personal. Cada vez que rompes un acuerdo, aumentas tu poder. Para empezar, rompe pequeños  acuerdos que requieran  un  poder  menor.  A  medida  que  vayas  rompiendo  esos  pequeños acuerdos, tu poder personal irá aumentando hasta alcanzar el punto en  el que, finalmente, podrás enfrentarte a los grandes demonios de tu mente.

Por  ejemplo,  la  niña  pequeña  a la  que le  dijeron  que  no  cantase  tiene  ahora  veinte años y todavía continúa sin cantar. Un modo de superar su creencia de que  su  voz  es  fea  es  decirse:  «De  acuerdo,  intentaré  cantar  aunque  sea  verdad  que  canto mal».  Entonces, puede fingir  que  alguien  aplaude  y  le  dice:  «¡Oh!  ¡Lo  has  hecho de maravilla!». Quizás esto agriete el acuerdo un poco, pero todavía estará  allí.  Sin  embargo,  ahora  tiene  un  poco más  de  poder  y coraje para  intentarlo  de  nuevo, y después una y otra vez hasta que, por fin, rompa el acuerdo.

Ésta es una manera de salir del sueño del infierno. Pero necesitarás reemplazar  cada acuerdo que  te cause sufrimiento y que rompas por uno nuevo que  te haga  feliz.  Así  evitarás  que  el  viejo  acuerdo  vuelva  a  aparecer.  Si  ocupas  el  mismo  espacio con un nuevo acuerdo, entonces el viejo desaparecerá para siempre, y su  lugar lo ocupará el nuevo.

En  la mente  existen  muchas creencias tan  resistentes  que  pueden  hacer  que  este  proceso  parezca imposible. Por  ello  es  necesario que  avances  paso a  paso  y  que seas paciente contigo mismo, porque se trata de un proceso lento.

El modo en  que  vives  ahora  es  el  resultado  de  muchos  años  de  domesticación.  No  puedes  pretender que  ésta desaparezca en un solo día.

Romper los acuerdos resulta muy  difícil, porque en cada acuerdo que establecimos pusimos el poder de las palabras  (que es el poder de nuestra voluntad).

Para  cambiar  un  acuerdo,  necesitamos  la  misma  cantidad  de  poder.  Es  imposible  cambiar  un  acuerdo  con  un  poder  menor  del  que  utilizamos  para  establecerlo, e invertimos la mayor parte de nuestro poder personal en mantener  los acuerdos que tenemos con nosotros mismos. Esto sucede porque, en realidad,  nuestros  acuerdos son como una fuerte  adicción. Somos  adictos  a nuestra forma  de ser, a la rabia, los celos y la auto compasión. Somos adictos a las creencias que  nos dicen: «No soy lo bastante bueno, no soy lo suficientemente inteligente. ¿Por  qué  voy  a  molestarme  en  intentarlo?  Si  otras  personas  lo  hacen  es  porque  son  mejores que yo».

Todos  estos  viejos  acuerdos  dirigen  nuestro  sueño  de  la  vida  porque  los  repetimos una y  otra  vez. Por consiguiente, para adoptar los Cuatro  Acuerdos,  es  necesario  que  pongas  en  juego  la  repetición.  Al  llevar  a  la  práctica  los  nuevos  acuerdos  en  tu  vida,  cada  vez  podrás  hacer  más  y  mejor.  La  repetición  hace  al  maestro.

LA DISCIPLINA DEL GUERRERO: CONTROLAR TU PROPIO COMPORTAMIENTO

Imagínate  que  te  despiertas  temprano  por  la  mañana,  rebosante  de  entusiasmo ante un nuevo día. Te sientes feliz, de maravilla, y dispones de mucha  energía  para  afrontar  ese  día.  Entonces,  mientras  desayunas,  tienes  una  fuerte  discusión  con  tu  pareja,  y  un  verdadero  torrente  de  emoción  sale  fuera.  Te  enfureces, y gastas una gran parte de tu poder personal en la rabia que expresas.

Tras la discusión, te sientes agotado, y lo único que quieres hacer es irte y echarte  a llorar. De hecho, te sientes tan cansado, que te vas a la habitación, te derrumbas  y  tratas  de recuperarte.  Te  pasas  el día envuelto en tus emociones.  No  te  queda  ninguna energía para seguir adelante y sólo quieres olvidarte de todo.

Cada día nos  despertamos con  una determinada cantidad de energía mental, emocional  y física que gastamos durante  el  día.  Si  permitimos que las  emociones  consuman  nuestra  energía,  no  nos  quedará  ninguna para  cambiar  nuestra  vida  o  para dársela a los demás.

La  manera  en  que  ves  el  mundo  depende  de  las  emociones  que  sientes. Cuando estás enfadado, todo lo que te rodea está mal, nada está bien. Le echas la  culpa  a  todo,  incluso  al  tiempo;  llueva  o  haga  sol,  nada  te  complacerá.  Cuando  estás triste, todo lo que te rodea te parece triste y te hace llorar. Ves los árboles y  te sientes triste, ves la lluvia y te parece triste. Tal vez te sientes vulnerable y crees  que  tienes  que  protegerte  a  ti  mismo  porque  piensas  que alguien  te  atacará  en  cualquier momento. No confías en nada ni en nadie. ¡Esto te ocurre porque ves el  mundo a través de los ojos del miedo!

Imagínate que la mente humana es igual que tu piel. Si la tocas y está sana, la  sensación  es maravillosa.  Tu  piel  está  hecha  para  percibir  la  sensación  del  tacto,  que  es  deliciosa. Ahora imagínate  que tienes una herida infectada en la piel. Si la tocas, te  dolerá, de modo que intentarás cubrirla para  prote gerla. Si te  tocan, no  disfrutarás de ello porque te dolerá. 

piel

Ahora  imagínate  que  todos  los  seres  humanos  tienen  una  enfermedad  en la  piel.  Nadie  puede  tocar  a ninguna otra persona porque le  provoca  dolor.  Todo el  mundo tiene  heridas en la  piel, hasta  el punto  de  que  tanto la infección como el  dolor llegan a considerarse normales; la gente cree que ser así es lo normal.

¿Puedes  imaginarte  cómo  nos  trataríamos  los  unos  a  los  otros  si  todos  los  seres humanos tuviésemos esta enfermedad de la piel? Casi no nos abrazaríamos,  claro, porque nos dolería demasiado, de modo que tendríamos que mantener una  buena distancia entre nosotros.

La mente humana es exactamente igual a la descripción de esta infección en la piel.  Cada ser  humano tiene  un cuerpo emocional cubierto por  entero  de heridas  infectadas  por  el  veneno  de  todas  las  emociones  que  nos  hacen  sufrir,  como  el  odio,  la  rabia,  la  envidia  y  la  tristeza.  Una  injusticia  abre  una  herida  en  nuestra  mente y reaccionamos produciendo veneno emocional por causa de los conceptos  y creencias que tenemos sobre qué es justo  y qué no lo es.  Debido al  proceso  de  domesticación, la mente está tan herida y llena de veneno, que todos creemos que  ese estado es el normal. Sin embargo, te aseguro que no lo es.

Nuestro  sueño  del  planeta  es  disfuncional;  los  seres  humanos  tenemos  una  enfermedad mental llamada «miedo». Los síntomas de esta enfermedad son todas  las  emociones  que  nos  hacen  sufrir:  rabia,  odio,  tristeza,  envidia  y  desengaño.

Cuando el miedo es demasiado grande, la mente racional empieza a fallar y a esto  lo  denominamos  «enfermedad  mental».  El  comportamiento  psicótico  tiene lugar   cuando  la  mente  está tan  asustada  y  las  heridas son  tan  profundas,  que  parece  mejor romper el contacto con el mundo exterior.

Si  somos  capaces  de  ver  nuestro  estado  mental  como  una  enfermedad,  descubriremos que existe una cura. No es necesario que suframos más. En primer lugar,  necesitamos  saber  la  verdad  para  curar  las  heridas  emocio nales  por  completo: debemos abrirlas y extraer el veneno. ¿Cómo lo podemos hacer? Hemos  de perdonar a los que creemos que se han portado mal con nosotros, no porque se  lo  merezcan,  sino  porque  sentimos  tanto  amor  por  nosotros  mismos  que  no  queremos continuar pagando por esas injusticias.

El perdón  es  la  única  manera  de  sanarnos.  Podemos  elegir  perdonar  porque  sentimos  compasión  por  nosotros  mismos.  Podemos  dejar  marchar  el  resentimiento  y  declarar:  «¡Ya  basta!  No  volveré  a  ser  el  gran  Juez  que  actúa  contra  mí  mismo.  No  volveré  a  maltratarme  ni  a  agredirme.  No  volveré  a  ser la  Víctima».

Para  empezar,  es  necesario  que  perdonemos  a  nuestros  padres,  a  nuestros  hermanos, a nuestros amigos y a Dios. Una vez perdones a Dios, te perdonarás por  fin a ti mismo. Una vez te perdones a ti mismo, el autorrechazo desapa recerá de tu  mente. Empezarás a aceptarte, y el amor que sentirás por ti será tan fuerte, que al  final  acabarás  aceptándote  por  completo  tal  como  eres.  Así  empezamos  a  ser  libres los seres humanos. El perdón es la clave.

Sabrás  que  has  perdonado  a  alguien  cuando lo  veas  y  ya  no  sientas ninguna  reacción emocional. Oirás el nombre de esa persona y no tendrás ninguna reacción  emocional.  Cuando  alguien  te  toca  lo  que  antes  era  una  herida  y  ya  no  sientes  dolor, entonces sabes que realmente has perdonado.

La verdad es como un escalpelo. Es dolorosa porque abre todas las heridas que  están  cubiertas  por  mentiras  para  así  poder  sanarlas.  Estas  mentiras  son  lo  que llamamos «el sistema de negación», que resulta práctico porque nos permite tapar  nuestras heridas y continuar funcionando. Pero cuando  ya  no  tenemos  heridas ni  veneno,  no  necesitamos  mentir  más.  No  necesitamos  el  sistema  de  negación,  porque se puede tocar una mente sana sin que experime te ningún dolor. Cuando  la mente está limpia, el contacto resulta placentero.

Para la mayoría de las personas, el problema reside en que pierden el control de sus  emociones.  Es  el ser humanó  quien  debe controlar sus emociones  y no al  revés. Cuando  perdemos  el  control,  decimos  cosas  que  no  queremos  decir  y  hacemos cosas  que  no  queremos  hacer.  Por  este  motivo  es  tan  importante  que  seamos  impecables  con  nuestras  palabras  y  que  nos  convirtamos  en  guerreros  espirituales.  Debemos aprender  a  controlar  nuestras  emociones  a  fin  de  tener  el  suficiente poder personal para cambiar los acuerdos basados en el miedo, escapar  del infierno y crear nuestro cielo personal.

¿Cómo  nos  podemos  convertir  en  guerreros?  Los  guerreros  tienen  algunas  características que son prácticamente iguales  en  todo el mundo. Son conscientes.

Esto  es  muy importante.  Hemos de ser conscientes  de  que  estamos  en  guerra,  y  esa guerra que tiene lugar en nuestra mente requiere disciplina; no la disciplina del  soldado, sino la del guerrero; no la disciplina que proviene  del exterior y nos  dice  qué hacer y qué no hacer, sino la de ser nosotros mismos, sin importar lo que esto  signifique.

El guerrero  tiene control  no  sobre  otros seres  humanos, sino sobre sí mismo;  controla  sus  propias  emociones.  Reprimimos  nuestras  emociones  cuando  perdemos  el  control, no  cuando  lo  mantenemos.  La  gran  diferencia  entre  un  guerrero y una víctima es que ésta se reprime y el guerrero se refrena. Las víctimas  se  reprimen  porque  tienen  miedo  de  mostrar  sus  emociones,  de  decir  lo  que  quieren  decir.  Refrenarse  no  es  lo  mismo  que  reprimirse.  Significa  retener  las emociones y expresarlas en el momento adecuado, ni antes ni después. Ésta es la  razón por la cual los guerreros son impecables.  Tienen  un control absoluto sobre  sus propias emociones y, por consiguiente, sobre su propio comportamiento.

LA INICIACIÓN A LA MUERTE: ABRAZAR AL ÁNGEL DE LA MUERTE


Angel
 
El paso final para obtener la libertad personal es prepararnos para la iniciación  a la muerte,  tomarnos  la  muerte  como  nuestra  maestra.  El  ángel  de  la  muerte  puede  enseñarnos  de  qué  forma  estar  verdaderamente  vivos.  Hemos  de  tomar  conciencia de que  podemos morirnos  en cualquier momento; sólo contamos con  el  presente  para  estar  vivos.  La  verdad  es  que  no  sabemos  si  vamos  a  morir  mañana. ¿Quién lo sabe? Pensamos que nos quedan muchos años por vivir. ¿Pero  es así?

Si vamos al  hospital  y el médico nos dice que nos queda una semana de vida,  ¿qué  haremos?  Como  ya  he  dicho  antes,  tenemos  dos  opciones.  Una  es  sufrir  porque nos vamos a morir, decirle a todo el mundo:  «Pobre de mí, me voy a morir», y hacer un gran drama. La otra es aprovechar  cada momento para ser feliz, para hacer lo que realmente nos gusta hacer. Si sólo  nos queda una semana de vida, disfrutemos de ella. Estemos vivos. Podemos decir:
«Voy  a  ser  yo  mismo.  No  puedo  pasarme  la  vida  intentando  complacer  a  los  demás. Ya no tendré miedo de lo que piensen de mí. ¿Qué me importa si me voy a  morir dentro de una semana? Seré yo mismo».

El ángel  de  la  muerte  nos  enseña  a  vivir  cada  día  como  si fuese  el  último  de  nuestra  vida,  como  si  no  hubiera  de  llegar  ningún  mañana. 

Empecemos  el  día  diciendo: «Estoy  despierto,  veo  el  sol.  Voy  a  entregarle mi gratitud,  y  también  a  todas las cosas  y  todas las  personas, porque todavía estoy vivo.  Un  día más  para  ser yo mismo».

Así es como veo yo la vida. Esto es lo que el ángel de la muerte me enseñó:   permanecer  completamente  abierto,  a  saber  que  no  hay  nada  que  temer. 

Por  supuesto, yo trato a las  personas que quiero con amor  porque sé que  éste  puede  ser  el último día para poder  decirles cuánto las amo. No sé si voy a volver a ver a  mis seres queridos, de modo que no quiero pelearme con ellos.

¿Qué ocurriría si tuviese una gran pelea con alguien a quien quiero, le lanzase  todo el veneno emocional que tengo contra él o ella, y se muriese al día siguiente?  ¡Ay,  Dios mío!  El  Juez  me atacaría  con dureza  y  yo  me  sentiría  muy  culpable  por  todo lo  que dije. Incluso me sentiría culpable  por no haberle  dicho  a esa persona  cuánto la quería. El amor que me hace feliz es el que puedo compartir con la gente  que  amo.  ¿Por  qué  voy  a  negar  que  les  quiero?  No  es  importante  que  me  devuelvan ese amor. Quizá muera yo mañana o tal vez muera alguien a quien amo.

Lo que me hace feliz es hacerle saber hoy lo mucho que le quiero.

Se  puede  vivir  de  esta manera.  Si lo  haces, te preparas para la iniciación a la  muerte.  Lo  que ocurrirá  en  esta iniciación  es  que  el viejo  sueño  que tienes en la  mente  morirá  para  siempre.  Sí,  tendrás  recuerdos  del  parásito  ‐  del  Juez,  de  la  Víctima y de lo que solías creer ‐ pero estará muerto.

Esto  es  lo  que  va  a  morir  en la  iniciación  a  la  muerte:  el  parásito.  No  resulta  fácil  emprender  esta  iniciación  porque  el  Juez  y  la  Víctima luchan  con  todas  sus  armas  disponibles.  No quieren  morir.  Y  entonces sentimos  que  quien  va  a  morir  somos nosotros, y tenemos miedo de esta muerte.

Cuando vivimos en el sueño del planeta, es como si estuviésemos muertos. Si  sobrevivimos  a  la  iniciación  a  la  muerte,  recibimos  el  don  más  maravilloso:  la  resurrección. Eso quiere decir que renacemos de entre los muertos, estamos vivos,  somos  nosotros mismos  de  nuevo. La  resurrección  es  convertirse  otra  vez  en  un  niño, ser salvaje  y libre,  pero con una  diferencia: en lugar de inocencia, tenemos  libertad  con  sabiduría.  Somos  capaces  de  romper  nuestra  domesticación,  recuperar  nuestra  libertad  y  sanar  nuestra  mente.  Nos  rendimos  al  ángel  de  la  muerte sabiendo que el parásito morirá y nosotros viviremos con una mente sana  y un perfecto juicio.

Entonces, seremos libres para utilizar nuestra propia mente y  dirigir nuestra vida.
 

Esto es lo que el ángel de la muerte nos enseña en la tradición tolteca. Se nos aparece y  nos  dice: 

«Todo lo que hay aquí me  pertenece;  no  es  tuyo.  Tu casa,  tu  pareja, tus hijos, tu coche, tu trabajo, tu dinero: todo me pertenece y me lo puedo  llevar cuando quiera, pero... por ahora... puedes utilizarlo».

Si nos rendimos al ángel de la muerte, seremos felices para siempre. ¿Por qué? 


Porque  el  ángel  de la  muerte  se  lleva  consigo  el pasado  para  que  la  vida  pueda  continuar. Se lleva de cada momento pasado la parte que está muerta, y nosotros  continuamos  viviendo  en  el  presente.  El  parásito  quiere  que  carguemos  con  el  pasado,  y  esto  hace  que  estar  vivo  resulte muy  pesado.  Si intentamos  vivir  en  el  pasado, ¿cómo vamos a disfrutar del presente? Si soñamos con el futuro, ¿por qué  cargar con el peso del pasado? ¿Cuándo viviremos en el presente? Esto es lo que el  ángel de la muerte nos enseña a hacer.


VII EL NUEVO SUEÑO
El cielo en la tierra


Quiero que olvides todo lo que has aprendido en tu vida. Este es el principio de un nuevo entendimiento, de un nuevo sueño.

El sueño que vives lo has creado tú. Es tu percepción de la realidad que puedes cambiar en cualquier momento. Tienes el poder de crear el infierno y el de crear el  cielo. ¿Por qué no soñar un sueño distinto?

¿Por  qué  no  utilizar  tu  mente,  tu  imaginación  y  tus  emociones  para soñar  el  cielo?

Sólo con utilizar tu imaginación podrás  comprobar  que suceden  cosas increíbles. Imagínate que tienes  la  capacidad  de  ver  el  mundo  con  otros  ojos  siempre que quieras.  Cada  vez que abres los ojos,  ves  el mundo que te rodea  de  una manera diferente.

Ahora, cierra los ojos, y después, ábrelos y mira.

Lo que verás es amor que emana de los árboles, del cielo, de la luz. Percibirás  el amor que emana directamente de todas las cosas, incluso de ti mismo y de otros  seres humanos. Aun cuando estén tristes o enfadados, verás que por detrás de sus  sentimientos, también envían amor. 


Quiero  que  utilices  tu  imaginación  y  la  percepción  de  tus  nuevos  ojos  para  verte a ti mismo viviendo un nuevo sueño, una vida en la que no sea necesario que  justifiques tu existencia y en la que seas libre para ser quien realmente eres.

Imagínate  que  tienes  permiso  para  ser  feliz  y  para  disfrutar  de  verdad  de  tu  vida. Imagínate que vives libre de conflictos contigo mismo y con los demás.

Imagínate  que  no  tienes  miedo  de  expresar  tus  sueños.  Sabes  qué  quieres,  cuándo lo quieres  y  qué  no  quieres.  Tienes libertad para cambiar tu  vida  y hacer  que sea como tú quieras. No temes pedir lo que necesitas, decir que sí o que no a  lo que sea o a quien sea.

Imagínate  que  vives  sin  miedo  a  ser  juzgado  por  los  demás.  Ya  no  te  dejas  llevar por lo que otras personas puedan pensar de ti. Ya no eres responsable de la  opinión de nadie. No sientes la necesidad de controlar a nadie y nadie te controla a  ti.

Imagínate que vives sin juzgar a los demás, que los perdonas con facilidad y te  desprendes de todos los juicios que sueles hacer. No sientes la necesidad de tener  razón  ni  de  decirle  a  nadie  que  está  equivocado.  Te  respetas a  ti  mismo  y  a  los  demás, y a cambio, ellos te respetan a ti.

Imagínate que vives sin el miedo de amar y no ser correspondido. Ya no temes  que  te  rechacen  y  no  sientes la necesidad  de que  te  acepten.  Puedes  decir:  «Te  quiero», sin sentir  vergüenza y sin  justificarte. Puedes andar por  el mundo con el  corazón completamente abierto y sin el temor de que te puedan herir.

Imagínate  que  vives  sin  miedo  a  arriesgarte  y  a  explorar  la  vida.  No  temes  perder nada. No tienes miedo de estar vivo en el mundo y tampoco de morir.

Imagínate  que  te  amas  a  ti  mismo  tal como  eres.  Que  amas  tu  cuerpo  y  tus  emociones tal como son. Sabes que eres perfecto tal como eres.

La  razón  por  la  que  te  pido  que  imagines  todas  estas  cosas  es  porque  ¡son  todas  totalmente  posibles!  Puedes  vivir  en  un  estado  de  gracia,  de  dicha,  en  el  sueño del cielo. Pero para experimentarlo, en primer lugar tienes que entender en  qué consiste. 


Sólo el amor tiene  la  capacidad  de  proporcionarte  este  estado  de  dicha.  Es  como estar enamorado. Flotas entre las nubes. Percibes amor vayas donde vayas.

Es del todo posible vivir de este modo  permanente mente. Lo  es porque  otros lo  han conseguido y  no son distintos  de  ti.  Viven  en un estado  de dicha porque  han  cambiado sus acuerdos y sueñan un sueño diferente.

Una  vez sientas  lo que  significa  vivir  en  estado  de  dicha,  lo  adorarás.  Sabrás  que el cielo en la tierra existe de verdad. Una vez sepas que es posible permanecer  en él, hacer el esfuerzo para conseguirlo sólo dependerá de ti. Hace dos mil años,  Jesús nos habló del reino de los cielos, del reino del amor, pero no había casi nadie  preparado  para  oírlo.  Dijeron:  «¿A  qué  te  refieres?  Mi  corazón  está  vacío,  no  siento el amor del que hablas, no siento la paz que tú tienes». Eso no es necesario.

Sólo imagínate que su mensaje de amor es posible y descubrirás que es tuyo.  El mundo  es  precioso,  es maravilloso.  La  vida  resulta  muy fácil  cuando  haces  del  amor tu forma  de  vida.  Es  posible  amar  todo  el  tiempo  si  uno  elige  hacerlo.

Quizá no tengas una razón  para amar,  pero si lo haces, verás  que te proporciona  una gran felicidad.  El  amor  en  acción  sólo genera felicidad. El  amor  te  traerá  paz  interior. Cambiará tu percepción de todas las cosas.

Puedes verlo todo con los ojos del amor. Puedes ser consciente de que el amor  te rodea por todas partes. Cuando vives de esta manera, la bruma de tu mente se  disipa. El  mitote  desaparece para siempre. Esto es lo que los seres humanos hemos  buscado durante siglos. Durante miles de años hemos buscado la felicidad, que es  el paraíso perdido. Los seres humanos nos hemos esforzado mucho por alcanzarla,  y esto forma parte de la evolución de la mente. Éste es el futuro de la humanidad.

Esta  forma  de  vida  es posible  y está  en  tus  manos. Moisés  la llamó la  Tierra  Prometida, Buda la llamó el Nirvana, Jesús la llamó el Cielo y los toltecas la llaman  el  Nuevo  Sueño.  Por  desgracia,  tú  identidad  está  mezclada  con  el  sueño  del  planeta.  Todas  tus  creencias  y  tus  acuerdos  están  ahí,  en  la  bruma.  Sientes  la  presencia  del  parásito  y  crees  que  eres  tú.  Esto  dificulta  tú  liberación:  dejar  marchar al parásito y crear un espacio para experimentar el amor. Estás vinculado  al Juez y a la Víctima. Sufrir hace que te sientas seguro porque es algo que conoces  a la perfección.

Pero, en realidad, no hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es  porque eliges hacerlo. Si examinas tú vida, descubrirás muchas excusas para sufrir,  pero  no  encontrarás  una  buena  razón  para  hacerlo.  Lo  mismo  ocurre  con  la  felicidad. La  única  razón  por  la  que  eres  feliz  es  porque  eliges serlo. La  felicidad,  igual que el sufrimiento, es una elección.

Tal vez no podamos escapar del destino del ser humano, pero podemos elegir  entre sufrir nuestro destino  o disfrutar de  él,  entre sufrir o amar y ser feliz, entre  vivir en el infierno o vivir en el cielo. Mi elección personal es vivir en el cielo. ¿Y la  tuya?

Oraciones

Haz el favor de tomarte unos instantes para cerrar los ojos, abrir tu corazón y
sentir todo el amor que emana de él.

Quiero que repitas mis palabras en tu mente y en tu corazón, y que sientas una  conexión  de  amor  muy  fuerte.  Juntos,  vamos  a  pronunciar  una  oración  muy  especial para experimentar la comunión con nuestro Creador.

Dirige  tu  atención  a  tus  pulmones  como  si  sólo  existiesen  ellos.  Cuando  tus  pulmones  se  expandan,  siente  el  placer  de  satisfacer  la  mayor necesidad  del  cuerpo humano: respirar.

Haz una inspiración profunda y siente el aire a medida que va entrando en tus  pulmones.  Siente que no  es otra cosa que amor.  Descubre la conexión que  existe  entre  el  aire  y  los  pulmones, una  conexión  de  amor.  Llena  tus  pulmones  de  aire  hasta que tu cuerpo sienta la necesidad de expulsarlo. Y entonces, espira y siente  de nuevo  el  placer,  porque  siempre  que  satisfacemos  una necesidad del  cuerpo,  sentimos  placer.  Respirar  nos  proporciona  un  gran  placer.  Es  lo  único  que  necesitamos para sentirnos siempre felices, para disfrutar de la vida. Estar vivos es  suficiente. Siente el placer de estar vivo, el placer del sentimiento del amor ...

ORACIÓN PARA LA LIBERTAD

Creador del Universo, hoy te pedimos que compartas con nosotros una fuerte  comunión  de  amor.  Sabemos  que  tu  verdadero  nombre  es  Amor,  que  comulgar  contigo  significa  compartir  tu  misma  vibración,  tu  misma  frecuencia,  porque  tú  eres lo único que existe en el Universo.

Hoy te pedimos que nos ayudes a ser como tú, a amar la vida, a ser vida, a ser
amor.  Ayúdanos  a  amar  como  tú,  sin  condiciones,  sin  expectativas,  sin
obligaciones, sin juicios.  Ayúdanos a amarnos  y aceptarnos a nosotros mismos sin  juzgarnos, porque cuando nos juzgamos, nos hallamos culpables y necesitamos ser  castigados.

Ayúdanos a amar todas tus creaciones de un modo incondicional, en especial a  los  seres  humanos,  y  sobre  todo  a  las  personas  que  nos  rodean:  a  nuestros  familiares y  a todos  aquellos que nos  esforzamos tanto  por amar. Porque cuando  los rechazamos, nos  rechazamos a  nosotros mismos,  y cuando nos rechazamos  a  nosotros mismos, te rechazamos a ti.

Ayúdanos  a  amar  a  los  demás  tal  como  son,  sin  condiciones.  Ayúdanos  a  aceptarlos  como  son,  sin  juzgarlos,  porque  si  los  juzgamos,  los encontramos  culpables y sentimos la necesidad de castigarlos.

Limpia hoy  nuestro corazón de  todo  veneno  emocional, libera nuestra mente  de todo juicio para que podamos vivir en una paz y un amor absolutos.
Hoy es un día muy especial. Hoy abrimos nuestro corazón para amar de nuevo y para decirnos los unos a los otros: «Te amo», sin ningún miedo, de verdad.

Hoy  nos  ofrecemos  a  ti.  Ven  a  nosotros,  utiliza  nuestra  voz,  nuestros  ojos,  nuestras  manos  y  nuestro  corazón para  compartir  la  comunión  del amor  con todos.  Hoy,  Creador,  ayúdanos a ser como  tú.  Gracias  por todo lo  que recibimos en  el  día  de  hoy, en especial por la libertad de ser quienes realmente somos. Amén.

ORACIÓN PARA EL AMOR

Vamos  a  compartir  un  bello  sueño  juntos:  un  sueño  que  querrás  tener  siempre. En este sueño te encuentras en un precioso día cálido y soleado. Oyes los  pájaros, el viento y un pequeño río. Te diriges hacia él; en su orilla hay un anciano  que  medita  y  ves  que,  de  su  cabeza,  emana  una  luz  maravillosa  de  distintos  colores. Intentas  no molestarle,  pero  él percibe  tu  presencia y abre los ojos,  que  rebosan  amor.  Sonríe  ampliamente.  Le  preguntas  qué  hace  para  irradiar  esa  maravillosa  luz,  y  si  puede  enseñarte  a  hacerlo.  Te  contesta  que  hace  muchos,  muchos años, él le hizo esa misma pregunta a su maestro.



El  anciano  empieza  a  explicarte  su  historia:  «Mi  maestro  se  abrió  el  pecho,  extrajo  su  corazón,  y  de  él,  tomó  una  preciosa  llama.  Después,  abrió  mi  pecho,  sacó mi corazón y depositó esa pequeña llama en su interior. Colocó mi corazón de  nuevo  en mi pecho,  y  tan pronto como  el corazón  estuvo dentro de mí, sentí  un  intenso amor, porque la llama que puso en él era su propio amor.

»Esta  llama  creció  en  mi  corazón  y  se  convirtió  en  un  gran  fuego  que  no  quema, sino que purifica todo lo que toca. Este fuego tocó todas las células de mi  cuerpo  y  ellas  me  entregaron  su  amor.  Me  volví  uno  con  mi  cuerpo  y  mi  amor  creció  todavía  más.  El  fuego  tocó  todas  las  emociones  de  mi  mente,  que  se  transformaron  en un amor fuerte  e intenso. Y me amé a mí mismo de  una forma  absoluta e incondicional.

»Pero el fuego continuó  ardiendo  y sentí la  necesidad de compartir mi amor.  Decidí poner un poco de él en cada árbol, y los árboles me amaron y me hice uno  con  ellos, pero mi amor no se  detuvo, creció todavía más.  Puse  un poco de él  en  cada  flor,  en la  hierba y  en  la  tierra,  y  ellas  me  amaron  y  nos  hicimos  uno.  Y  mi  amor  continuó  creciendo  más  y  más  para  amar  a  todos los  animales del  mundo.

Ellos  respondieron  a  él,  me  amaron  y  nos  hicimos  uno.  Pero  mi  amor  continuó  creciendo más y más.

»Puse un poco de mi amor en cada cristal, en cada piedra, en el polvo y en los  metales,  y  me  amaron  y  me  hice  uno  con  la  tierra.  Y  entonces  decidí  poner  mi  amor en el agua, en los océanos, en los ríos, en la lluvia y en la nieve, y me amaron  y nos hicimos uno. Y mi amor siguió creciendo todavía más y más. Y decidí entregar  mi amor  al aire, al  viento. Sentí  una fuerte comunión con la  tierra, con  el  viento,  con los océanos, con la naturaleza, y mi amor creció más y más.

»Volví la cabeza al cielo, al sol  y a las  estrellas  y puse un poco de mi amor en  cada estrella, en la luna y en el sol, y me amaron. Y me hice uno con la luna, el sol y  las estrellas, y mi amor continuó creciendo más y más. Y puse un poco de mi amor  en cada ser humano y me volví uno con toda la humanidad.

Dondequiera que voy,  con quienquiera que me encuentre, me veo en sus ojos, porque soy parte de todo,  porque amo».

Y entonces el anciano abre su propio pecho, extrae su corazón con la preciosa  llama  dentro  y  la  coloca  en  tu  corazón.  Y  ahora  esa  llama  crece  en  tu  interior.

Ahora eres uno con el viento, con el agua, con las estrellas, con toda la naturaleza,  con los animales y con todos los seres humanos. Sientes el calor y la luz que emana  de la llama de tu corazón. De tu cabeza sale una preciosa luz de colores que brilla.

Estás radiante con el resplandor del amor y rezas:

Gracias,  Creador  del  Universo,  por  el  regalo  de  la  vida  que  me  has  dado.

Gracias  por  proporcionarme  todo  lo  que  verdaderamente  he  necesitado.  Gracias  por  la  oportunidad  de  sentir  este  precioso  cuerpo  y  esta  maravillosa  mente.

Gracias  por  vivir  en  mi  interior  con todo  tu  amor,  con  tu  espíritu puro  e  infinito,  con tu luz cálida y radiante.

Gracias por utilizar mis palabras, mis ojos y mi corazón para compartir tu amor
dondequiera que  voy. Te amo tal como  eres,  y por ser tu creación, me  amo  a mí  mismo tal como soy. Ayúdame a conservar el amor y la paz en mi corazón y a hacer  de ese amor una nueva forma de vida, y haz que pueda vivir amando el resto de mi existencia.

Amén.
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Don Miquel Ruiz es un maestro de la escuela tolteca de tradición mística. Por más de dos décadas se ha dedicado a compartir la antigua sabiduría de los toltecas con sus estudiantes y sus aprendices, guiándolos hacia su propia libertad personal.

Cuarto Acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas





Miguel Ruiz LOS CUATRO ACUERDOS
Un libro de la Sabiduría Tolteca



 V EL CUARTO ACUERDO
Haz siempre lo máximo que puedas


Sólo  hay  un  acuerdo  más,  pero  es  el  que  permite  que  los  otros  tres  se  conviertan en hábitos profundamente arraigados. El Cuarto Acuerdo se refiere a la  realización de los tres primeros:  Haz siempre lo máximo que puedas .

Bajo  cualquier  circunstancia,  haz  siempre  lo  máximo  que  puedas,  ni  más  ni  menos.  Pero  piensa  que  eso va  á  variar  de  un  momento  á  otro. 

Todas  las  cosas  están vivas y cambian continua mente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que  podrás  hacer  tendrá  una  gran  calidad,  y  en  otras  no  será  tan  bueno.  Cuándo  te  despiertas renovado  y lleno  de vigor por la mañana, tu rendi miento es mejor que  por  la  noche  cuándo  estás  agotado. 

Lo  máximo  que  puedas  hacer  será  distinto  cuándo  estés sano que cuándo estés  enfermo, o cuándo  estés sobrio que cuándo  hayas bebido.  Tu  rendi miento  dependerá  de  que te sientas  de  maravilla  y  feliz  o  disgustado, enfadado o celoso.

En tus estados de ánimo diarios, lo máximo que podrás hacer cambiará de un  momento á otro, de una  hora  á otra,  de  un día  á  otro. También cambiará con el  tiempo. A medida que vayas adquiriendo el hábito de los cuatro nuevos acuerdos,  tu rendimiento será mejor de lo que solía ser.

Independientemente  del  resultado,  sigue  haciendo  siempre  lo  máximo  que  puedas,  ni  más  ni  menos. Si  intentas  esforzarte  demasiado  para  hacer  más  de lo  que puedes, gastarás más energía de la necesaria, y al final tu rendimiento no será  suficiente. Cuándo te excedes, agotas tu cuerpo y vas contra ti, y por consiguiente  te resulta más difícil alcanzar tus objetivos. Por otro lado, si haces menos de lo que  puedes hacer, te sometes á ti mismo á frustraciones, juicios, culpas y reproches.

Limítate á hacer lo máximo que puedas, en cualquier circunstancia de tu vida.  No importa si  estás  enfermo o cansado,  si siempre  haces lo máximo  que puedas,  no te juzgarás á ti mismo en modo alguno. Y si no te juzgas, no te harás repro ches,  ni te culparás ni te castigarás en absoluto. Si haces siempre lo máximo que puedas,  romperás el fuerte hechizo al que estás sometido.

Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo que  se fue á un templo budista para encontrar á un maestro que le ayudase. Se acercó  á él  y le dijo: «Maestro, si medito cuatro  horas  al día, ¿cuánto tiempo  tardaré  en  alcanzar  la  iluminación?». 


Conversación


El  maestro  le  miró  y  le  respondió:  «Sí  meditas  cuatro  horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años».

El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: «Maestro, y si medito ocho  horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?». El  maestro  le  miró  y  le  respondió:  «Si  meditas  ocho  horas  al  día,  tal  vez  lo  lograrás dentro de veinte años».

«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?», preguntó el hombre.   El maestro contestó: «No estás aquí para sacrificar  tu alegría ni  tu vida. Estás  aquí  para  vivir,  para ser feliz y  para amar. 


Si puedes alcanzar tu máximo nivel  en  dos  horas  de meditación, pero  utilizas ocho, sólo conseguirás agotarte,  apartarte  del  verdadero  sentido de la  meditación  y  no  disfrutar  de  tu  vida. Haz  lo máximo  que  puedas,  y  tal  vez  aprenderás  que  independientemente  del  tiempo  que  medites, puedes vivir, amar y ser feliz».

Si haces lo máximo que puedas, vivirás con gran intensidad. Serás productivo,  y serás bueno contigo mismo porque te entregarás á tu familia, á tu comu nidad, a  todo.  Pero  la  acción  es  lo  que  te  hará  sentir  inmensamente  feliz. 

Siempre  que  haces lo máximo que puedes, actúas. Hacer lo máximo que puedas significa actuar  porque amas hacerlo, no  porque esperas  una recompensa. La mayor parte de las  personas  hacen  exactamente  lo  contrario:  sólo  emprenden  la  acción  cuándo  esperan una recompensa, y no disfrutan de  ella. Y  ese  es el motivo por  el que no  hacen lo máximo que pueden.

Por  ejemplo, la mayoría  de las  personas  van  á trabajar y piensan únicamente en el  día de  pago y en el  dinero que obtendrán  por su trabajo. Están impacientes  esperando á que llegue el viernes o el sábado, el día en el que reciben su salario y  pueden tomarse  unas horas libres. Trabajan  por su recompensa, y el resultado  es  que se resisten al  trabajo. Intentan  evitar la acción;  ésta  entonces se vuelve cada  vez más difícil, y esos hombres no hacen lo máximo que pueden.

Trabajan  muy  duramente  durante  toda  la  sema na,  soportan  el  trabajo,  soportan la acción, no porque les guste, sino porque sienten que es lo que  deben  hacer. Tienen que trabajar porque han de pagar el alquiler y mantener a su familia. 


Frustración


Son  hombres  frustrados,  y  cuando  reciben  su  paga, no se  sienten  felices. 

Tienen  dos días para  descansar,  para  hacer lo que les  apetezca, ¿y qué  es lo que  hacen?  Intentan escaparse. Se emborrachan porque no se gustan a sí mismos. No les gusta  su vida. Cuando no nos gusta cómo somos, nos herimos de muy diversas maneras.

Sin embargo, si emprendes la acción por el puro placer de hacerlo, sin esperar  una  recompensa,  descubrirás  que  disfrutas  de  cada  cosa  que  llevas  a  cabo.  Las  recompensas  llegarán,  pero  tú  no  estarás  apegado  a  ellas.  Si  no  esperas  una  recompensa,  es  posible  que  incluso  llegues  a  conseguir  más  de  lo  que  hubieses  imaginado.  Si  nos  gusta  lo  que  hacemos  y  si  siempre  hacemos  lo  máximo  que  podemos,  entonces  disfrutamos  realmente  de  nuestra  vida.  Nos  divertimos,  no nos aburrimos y no nos sentimos frustrados.

Cuando haces lo máximo que puedes, no le das al Juez la oportunidad de que  dicte  sentencia  y  te  considere  culpable.  Si  has  hecho  lo  máximo  que  podías  y  el  Juez intenta juzgarte basándose en tu Libro de la Ley, tú tienes la respuesta: «Hice  lo  máximo  que  podía».  No  hay  reproches.  Ésta  es  la  razón  por  la  cual  siempre  hacemos lo máximo que  podemos.  No es un  acuerdo  que sea fácil  de mantener,  pero te hará realmente libre.

Cuando  haces lo máximo que  puedes, aprendes a aceptarte a ti mismo, pero  tienes  que  ser  consciente  y  aprender  de  tus  errores.  Eso  significa  practicar,  comprobar los resultados con honestidad y continuar practicando. Así se expande  la conciencia.

Cuando haces lo máximo que puedes no parece que trabajes, porque disfrutas  de todo lo que haces. Sabes que haces lo máximo que puedes cuando disfrutas de  la  acción  o  la  llevas  a cabo  de  una manera  que  no  te  repercute  negativamente.


Fiesta

Haces  lo  máximo  que  puedes  porque  quieres  hacerlo,  no  porque  tengas  que  hacerlo, ni por complacer al juez o a los demás.

Si  emprendes  la  acción  porque  te  sientes  obligado,  entonces,  de  ninguna  manera  harás  lo  máximo  que  puedas.  En  ese caso,  es  mejor  no  hacerlo.  Cuando  haces lo máximo que puedes, siempre te  sientes muy feliz ; por eso lo haces. Cuando  haces lo máximo  que puedes por el mero placer de  hacerlo,  emprendes la acción  porque disfrutas de ella.

La acción consiste en vivir con plenitud. La inacción es nuestra forma de negar  la vida,  y consiste en sentarse  delante  del televisor cada día durante años  porque  te da miedo estar vivo y arriesgarte a expresar lo que eres.

Expresar lo que eres es  emprender  la  acción.  Puede  que  tengas  grandes ideas  en  la  cabeza,  pero  lo  que  importa  es  la  acción.  Una  idea,  si  no  se  lleva  a  cabo,  no  producirá  ninguna  manifestación, ni resultados ni recompensas.

La historia de Forrest Gump es un buen ejemplo. No tenía grandes ideas, pero  actuaba.  Era feliz  porque  hacía  lo  máximo que  podía  en  todo lo  que  emprendía.  Recibió importantes recompensas que no había esperado.

Emprender la acción es  estar  vivo.  Es  arriesgarse  a  salir  y  expresar  tu  sueño.  Esto  no  significa  que  se  lo  impongas a los demás, porque todo el mundo tiene derecho a expresar su  propio  sueño.

Hacer  lo máximo  que puedas  es  un  gran  hábito que  te conviene adquirir.  Yo  hago  lo  máximo  que  puedo  en  todo  lo  que  emprendo  y  siento. 

Hacerlo  se  ha  convertido en un ritual que forma parte de mi vida, porque yo escogí que así fuese.

Es  una  creencia,  como  cualquier  otra  de  las  que  he  elegido  tener.  Lo  convierto  todo  en un ritual  y siempre  hago lo máximo  que puedo.  Para mí, ducharse  es  un  ritual; con esta acción le digo a mi cuerpo lo mucho que lo amo. Disfruto al sentir  el agua correr por mi cuerpo. Hago lo máximo que puedo para que las necesidades  de mi cuerpo se vean satisfechas, para cuidarlo y para recibir lo que me da.

En la India celebran un ritual denominado puja. En él cogen unas imágenes que  representan a  Dios de muy diversas maneras  y las  bañan, les  dan de comer y les  ofrecen su amor. Incluso les cantan mantras. Las imágenes no son importantes en  sí. Lo que importa es la forma en que celebran el ritual, el modo en que dicen: «Te  amo, Dios».  Dios es vida. Dios es vida en acción. La mejor manera de decir: «Te amo, Dios»,  es  vivir  haciendo  lo  máximo  que  puedas. 

La  mejor  manera  de  decir:  «Gracias,  Dios», es dejar ir  el pasado y vivir  el momento presente, aquí  y ahora.  Sea lo que  sea lo que la vida te arrebate, permite que se vaya. Cuándo te entregas y dejas ir el  pasado,  te  permites  estar  plena mente vivo en el momento  presente. Dejar  ir  el  pasado significa disfrutar del sueño que acontece ahora mismo.

Si vives en un sueño del pasado, no disfrutas de lo que sucede en el momento  presente,  porque  siempre  deseas  que  sea  distinto.  No  hay  tiempo  para  que  te  pierdas  nada  ni á  nadie,  porque estás  vivo.  No  disfrutar  de  lo que  sucede  ahora  mismo  es  vivir  en  el  pasado,  es  vivir  sólo  á  medias

Esto  conduce  á  la  autocompasión, el sufrimiento y las lágrimas.

Naciste  con  el  derecho  de  ser  feliz.  Naciste  con  el  derecho  de  amar,  de  disfrutar y de compartir tu amor. Estás vivo, así que toma tu vida y disfrútala.

No te  resistas  á  que  la  vida  pase  por  ti,  porque  es  Dios  que  pasa  á  través  de  ti.  Tu  existencia  prueba,  por  sí  sola,  la  existencia  de  Dios.  Tu  existencia  prueba  la  existencia de la vida y la energía.

No  necesitamos  saber  ni probar  nada.  Ser,  arries garnos  á vivir  y  disfrutar  de  nuestra vida, es lo único que importa. Di que no cuándo quieras decir que no, y di  que sí cuándo  quieras decir  que sí. Tienes  derecho á ser  tú mismo. Y sólo puedes  serlo  cuándo  haces  lo  máximo  que  puedes. 

Cuándo  no  lo  haces,  te  niegas  el  derecho á  ser tú mismo. Ésta es una semilla que deberías nutrir  en  tu mente.  No ,necesitas  muchos  conocimientos  ni  grandes  conceptos  filosóficos.  No  necesitas  que los demás te acepten. Expresas tu propia divinidad mediante tu vida y el amor  por ti mismo y por los demás. Decir: «Eh, te amo», es una expresión de Dios.

Los  tres primeros  acuerdos sólo funcionarán  si  haces lo máximo  que  puedas.  No  esperes  ser  siempre  impecable  con  tus  palabras.  Tus  hábitos  rutinarios  son  demasiado fuertes y están firmemente arraigados en tu mente.

Pero puedes hacer lo  máximo  posible.  No  esperes  no  volver  nunca  más  á  tomarte las cosas  personal mente; sólo  haz lo máximo que puedas.  No esperes  no hacer nunca más  ninguna suposición, pero sí puedes hacer lo máximo posible.

Si  haces  lo  máximo  que  puedas,  hábitos  como  emplear  mal  tus  palabras,  tomarte  las  cosas  personalmente  y  hacer  suposiciones  se  debilitarán  y  con  el  tiempo, serán menos frecuentes. No es necesario que te juzgues á ti mismo, que te  sientas culpable o que te castigues por no ser capaz de mantener estos acuerdos.

Cuándo  haces  lo  máximo  que  puedes,  te  sientes  bien  contigo  mismo  aunque  todavía  hagas  suposiciones,  aunque  todavía  te  tomes  las  cosas  personalmente  y  aunque todavía no seas impecable con tus palabras.

Si siempre haces lo máximo que  puedas,  una y  otra vez, te convertirás  en un  maestro  de  la  trans formación.  La  práctica  forma  al  maestro.  Cuando  haces  lo  máximo  que  puedes,  te  conviertes  en  un  maestro.  Todo  lo  que  sabes  lo  has  aprendido mediante la repetición.  Aprendiste así a  escribir, a conducir  e incluso a  andar. Eres un maestro hablando tu lengua porque la has practicado. La acción es  lo que importa.

Si haces lo máximo que puedas en la búsqueda de tu libertad personal y de tu  autoestima,  descubrirás  que  encontrar lo  que buscas  es sólo cuestión de  tiempo.

No  se  trata  de  soñar  despierto  ni  de  sentarse  varias  horas  a  soñar  mientras  meditas.  Debe  ponerte  en  pie  y  actuar  como  un  ser  humano.  Debes  honrar  al  hombre  o  la  mujer  que  eres.  Debes  respetar  tu  cuerpo,  disfrutarlo,  amarlo,  alimentarlo, limpiarlo  y sanarlo. Ejercítalo y haz todo lo  que le haga sentirse bien.

Esto es una puja para tu cuerpo, es una comunión entre Dios y tú.  No  es  necesario que adores á ninguna imagen de la Virgen María, de  Cristo o
de Buda. Puedes hacerlo si quieres; si te hace sentir bien, hazlo. Tu propio cuerpo  es  una  manifestación  de  Dios,  y  si  honras  á  tu  cuerpo,  todo  cambiará  para  ti.  Cuándo des amor á todas las partes de tu cuerpo, plantarás semillas de amor en tu  mente, y cuándo crezcan, amarás, honrarás y respetarás tu cuerpo inmensamente.

Entonces,  toda  acción se convertirá  en  un  ritual mediante  el  cuál  honrarás  á  Dios.  Después  de  esto,  el  siguiente  paso  consistirá  en  honrar  á  Dios  con  cada  pensamiento, con cada emoción, con cada creencia, tanto si es «correcta» como si  es  «incorrecta».  Cada  pensamiento  se  convertirá  en  una  comunión  con  Dios  y  vivirás  un  sueño  sin  juicios,  sin  ser  una  víctima  y  libre  de  la  necesidad  de  chismorrear y maltratarte.

Cuándo honres estos cuatro acuerdos juntos, ya no vivirás más  en el infierno.  Definitivamente,  no.  Si  eres  impecable  con  tus  palabras,  no  te  tomas  nada  personalmente, no haces suposiciones y siempre haces lo máximo que puedas, tu  vida será maravillosa y la controlarás al cien por cien.

Los Cuatro Acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una  de  las  maestrías  de  los  toltecas.  Transformas  el  infierno  en  cielo.  El  sueño  del  planeta  se  transforma  en  tu  sueño  personal  del  cielo.  El  conocimiento  está  ahí;  sólo  espera  á  que  tú  lo  utilices.  Los  Cuatro  Acuerdos  están  ahí;  sólo  tienes  que  adoptarlos y respetar su significado y su poder.

Lo  único  que  tienes  que  hacer  es  lo  máxi mo  que  puedas  para  honrar  estos  acuerdos.  Establece  hoy  este acuerdo: «Elijo  respetar  los  Cuatro  Acuerdos».  Son  tan  sencillos  y  lógicos  que  incluso  un  niño  puede  entenderlos.  Pero  para  mantenerlos,  necesitas  una  voluntad fuerte,  una voluntad muy fuerte. ¿Por qué?


Camino

Porque  vayamos  donde  vayamos  descubrimos  que  nuestro  camino  está lleno  de  obstáculos.  Todo  el  mundo  intenta  sabotear  nuestro  compromiso  con  estos  nuevos  acuerdos,  y  todo  lo  que  nos  rodea  está  estructurado  para  que  los  rompamos. El  problema reside en los  otros  acuerdos que forman parte del sueño  del planeta. Están vivos y son muy fuertes.

Por está razón es necesario que seas un gran cazador, un gran guerrero capaz  de  defender  los  Cuatro  Acuerdos  con  tu  vida. Tu  felicidad,  tu  libertad,  toda  tu  manera  de  vivir  dependen  de  ello.  El  objetivo  del  guerrero  es  trascender  este  mundo,  escapar de este infierno y no regresar jamás á  él.  Tal como  nos enseñan  los  toltecas,  la  recompensa  consiste  en  trascender  la  experiencia  humana  del  sufrimiento, y convertirse en la encarnación de Dios.

Esa es la recompensa.  Verdaderamente,  para  triunfar  en  el  cumplimiento  de  estos  acuerdos,  necesitamos  utilizar  todo  el  poder  que  tenemos.  Al principio,  yo  no  creía  que  pudiera ser capaz de hacerlo. He fracasado muchas veces, pero me levanté y seguí  adelante.  No  me  compadecí  de  mí  mismo. 

De  ninguna  manera  iba  á  compadecerme  de  mí  mismo.  Dije:  «Si  me  caigo,  soy  lo  bastante  fuerte,  lo  bastante inteligente, ¡puedo hacerlo!». Me levanté y seguí adelante. Me caí y seguí  adelante,  y  adelante,  y  cada  vez  me  resultó  más  y  más  fácil.  Sin  embargo,  al  comienzo era tan duro y tan difícil ...

De modo  que,  si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez la satisfacción de  convertirte  en  una víctima.  No,  sé  firme  contigo  mismo.  Levántate  y establece  el  acuerdo  de  nuevo:  «Está  bien,  rompí  el  acuerdo  de  ser  impecable  con  mis  palabras.  Empezaré  otra  vez  desde  el  principio.  Voy  a  mantener  los  Cuatro  Acuerdos sólo por hoy. Hoy seré impecable con mis palabras, no me tomaré nada  personalmente, no haré suposiciones y haré lo máximo que pueda».

Si rompes un acuerdo, empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente.
 

Al principio será difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un día,  descubrirás  que los Cuatro  Acuerdos  dirigen  tu vida. Te sorprenderá  ver cómo se  ha transformado tu existencia.

No es necesario que seas religioso ni que vayas a la iglesia cada día. Tu amor y  tu  respeto  por  ti  mismo  crecen  incesantemente.  Puedes  hacerlo.  


Si  yo  lo  hice,  también tú puedes hacerlo. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en el  día de hoy y permanece  en  el momento presente. Vive el día a día.  Haz  siempre lo  máximo  que  puedas   por  mantener  estos  acuerdos,  y  pronto  te  resultará  sencillo.

Hoy es el principio de un nuevo sueño.