miércoles, 29 de noviembre de 2017

Tercer Acuerdo: No hagas suposiciones





Miguel Ruiz LOS CUATRO ACUERDOS
Un libro de la Sabiduría Tolteca


 IV  EL TERCER ACUERDO
No hagas suposiciones

Madre Tierra


El  tercer  acuerdo  consiste  en  no  hacer suposi ciones.  Tendemos  a  hacer  suposiciones  sobre  todo.  El  problema  es  que,  al  hacerlo,  creemos   que  lo  que  suponemos  es cierto.  Juraríamos que  es real.  Hacemos suposiciones sobre lo  que  los  demás  hacen  o  piensan  ‐nos  lo  tomamos  personalmente  ‐  y  después,  los  culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Este  es  el  motivo  por  el  cual  siempre  que  hacemos  suposiciones,  nos  buscamos  problemas. 

Hacemos  una  suposición,  comprendemos  las  cosas  mal,  nos  lo  tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de nada.

Toda la  tristeza y los  dramas  que  has  experi mentado  tenían sus raíces  en las  suposiciones que hiciste y en las cosas que te tomaste personalmente.

Concédete  un momento  para  considerar  la  verdad  de  esta  afirmación.  Toda la  cuestión  del  dominio  entre los  seres  humanos gira  alrededor  de las suposiciones y  el tomarse  las cosas personalmente. Todo nuestro sueño del infierno se basa en ello.

Producimos mucho veneno emocional haciendo suposiciones y tomándonoslas  personalmente,  porque, por  lo general, empezamos  a chismo rrear  a  partir  de  nuestras  suposiciones


Gente Hablando

Recuerda  que  chismorrear  es  nuestra  forma  de  comunicarnos  y  enviarnos  veneno  los  unos  a  los  otros  en  el  sueño  del  infierno.

Como  tenemos  miedo de  pedir  una  aclaración,  hacemos  suposiciones  y creemos  que  son  ciertas;  después,  las  defendemos  e  intentamos  que  sea  otro  el  que  no  tenga  razón.  Siempre  es  mejor  preguntar  que  hacer  una  suposición,  porque  las  suposiciones crean sufrimiento.

El  gran  mitote   de  la  mente  humana  crea  un  enorme  caos  que  nos  lleva  a  interpretar  y  entender  mal  todas  las  cosas.  Sólo  vemos  lo  que  quere mos  ver  y  oímos  lo  que  queremos  oír.  No  percibimos  las  cosas  tal  como  son.  Tenemos  la  costumbre de soñar sin basarnos en la realidad. Literalmente, inventamos las cosas  en  nuestra  imaginación.  Como  no  entendemos  algo,  hacemos  una  suposición  sobre  su  significado,  y  cuando  la  verdad  aparece,  la  burbuja  de  nuestro  sueño  estalla y descubrimos que no era en absoluto lo que nosotros creíamos.



Un  ejemplo:  Andas por  el paseo  y  ves a  una  persona  que te gusta.  Se  vuelve  hacia  ti,  te  sonríe  y  después  se  aleja.  Sólo  con  esta  experiencia  puedes  hacer  muchas  suposiciones.



 Con  ellas  es  posible  crear  toda  una  fantasía.  Y  tú  verdaderamente  quieres  creerte la  fantasía  y convertirla  en  realidad.  Empiezas  a  crear un sueño completo a partir de tus suposiciones, y puede que te lo creas:  «Realmente  le  gusto  mucho».  A  partir  de  esto,  en  tu  mente  empieza  una  relación  entera. Quizás,  en tu mundo de fantasía, hasta llegues  a casarte con  esa  persona. Pero la fantasía está en tu mente, en tu sueño personal.

Hacer  suposiciones  en  nuestras  relaciones  significa  buscarse  problemas.  A  menudo,  suponemos  que  nuestra  pareja  sabe  lo  que  pensamos  y  que  no  es  necesario que le digamos lo que queremos. Suponemos que hará lo que queremos  porque  nos  conoce muy  bien.  Si no hace  lo  que  creemos  que debería  hacer,  nos  sentimos realmente heridos y decimos: «Deberías haberlo sabido».

Otro ejemplo: Decides casarte y supones que tu pareja ve el matrimonio de la  misma manera que tú. Después, al vivir juntos, descubres que no es así. Esto crea  muchos  conflictos;  sin  embargo,  no  intentas  clarificar  tus  sentimientos  sobre  el  matrimonio. El marido regresa a casa del trabajo. La mujer está furiosa y el marido no sabe por qué. Quizá sea porque la mujer  hizo una suposición. No le  dice a su  marido  lo  que  quiere  porque  supone  que  él  la  conoce  tan  bien  que  ya  lo  sabe,  como si pudiese leer su mente. Se disgusta porque él no satisface sus expectativas.

Hacer  suposiciones  en  las  relaciones  conduce  a  muchas  disputas, dificultades  y  malentendidos con las personas que supuestamente amamos.

En  cualquier  tipo  de  relación,  podemos  suponer que  los  demás  saben  lo  que  pensamos  y  que  no  es  necesario  que  digamos  lo  que  queremos.  Harán  lo  que  queremos  porque  nos  conocen  muy  bien.  Si  no  lo  hacen,  si  no  hacen  lo  que  creemos  que  deberían  hacer,  nos  sentimos  heridos  y  pensamos:  «¿Cómo  ha  podido hacer eso? Debería haberlo sabido». Suponemos que la otra persona sabe  lo que queremos. Creamos un drama completo porque hacemos esta suposición y  después añadimos otras más encima de ella.

El  funcionamiento  de  la  mente  humana  es  muy  interesante.  Necesitamos  justificarlo,  explicarlo  y  comprenderlo  todo  para  sentirnos  seguros. 

Tenemos  millones  de  preguntas  que  precisan  respuesta  porque  hay  muchas  cosas  que  la  mente racional es incapaz de explicar. No importa si la respuesta es correcta o no;  por  sí  sola,  bastará  para  que  nos  sintamos  seguros.  Esta  es  la  razón  por la cual hacemos suposiciones.

Si  los  demás  nos  dicen  algo,  hacemos  suposiciones,  y  si  no  nos  dicen  nada,  también  las  hacemos  para  satisfacer  nuestra  necesidad de saber  y  reemplazar la  necesidad de  comunicarnos.  Incluso  si  oímos  algo  y no lo  entendemos,  hacemos  suposiciones  sobre  lo  que  significa,  y  después,  creemos  en  ellas.  Hacemos  todo  tipo de suposiciones porque no tenemos el valor de preguntar.

La mayoría de las veces, hacemos nuestras suposiciones con gran rapidez y de  una manera inconsciente, porque hemos establecido acuerdos para comunicarnos  de está forma. Hemos acordado que hacer preguntas es peligroso, y  que la gente  que nos ama debería saber qué queremos o cómo nos sentimos.

Cuándo creemos  algo, suponemos  que  tenemos razón  hasta  el punto de llegar  á  destruir nuestras  relaciones para defender nuestra posición.

Suponemos  que  todo  el  mundo  ve  la  vida  del  mismo  modo  que  nosotros.


Suponemos  que los demás  piensan, sienten, juzgan  y maltratan como nosotros lo  hacemos. Está es la mayor suposición que podemos hacer y es la razón por la cuál  nos  da  miedo  ser  nosotros  mismos  ante  los  demás,  porque  creemos  que  nos  juzgarán,  nos  convertirán  en  sus  víctimas,  nos  maltratarán  y  nos  culparán  como  nosotros  mismos  lo  hacemos.  De  modo  que,  incluso  antes  de  que  los  demás  tengan  la  oportunidad  de rechazarnos,  nosotros  ya  nos  hemos  rechazado  á  nosotros mismos. Así es como funciona la mente humana.

También  hacemos  suposiciones  sobre  nosotros  mismos,  y  esto  crea muchos  conflictos internos. Por ejemplo, supones que eres capaz de hacer algo, y después  descubres que no lo eres. Te sobrestimas o te subestimas á ti mismo porque no te  has tomado  el tiempo necesario para  hacerte preguntas  y contestártelas.  Tal vez  necesites más datos sobre  una situación  en particular. O  quizá necesites dejar  de  mentirte á ti  mismo sobre lo que verdaderamente quieres.

A menudo,  cuándo  inicias  una  relación  con  alguien  que  te  gusta,  tienes  que  justificar  por  qué  te  gusta.  Sólo  ves  lo  que  quieres  ver  y  niegas  que  algunos  aspectos de  esa  persona  te  disgustan.  Te  mientes  á  ti  mismo  con el  único  fin  de  sentir que tienes razón.  Después haces suposiciones, y  una de ellas  es: «MI amor  cambiará a esta persona». Pero no es verdad. Tu amor no cambiará a nadie. Si las  personas  cambian  es  porque  quieren  cambiar,  no  porque  tú  puedas  cambiarlas. 



Dolor


Entonces, ocurre algo entre vosotros dos y te sientes dolido. De pronto, ves lo que  no  quisiste  ver  antes,  sólo  que  ahora  está  amplificado  por tu  veneno  emocional.

Ahora tienes que justificar tu dolor emocional y echar la culpa de tus decisiones a  los demás.

No es necesario que justifiquemos el amor; está presente o no lo está. El amor  verdadero  es  aceptar  a  los  demás  tal  como  son  sin  tratar  de  cambiarlos.  Si  intentamos  cambiarlos significa  que,  en  realidad, no nos  gustan.  Por supuesto, si  decides  vivir  con  alguien,  si  llegas  a  ese  acuerdo,  siempre  será  mejor  que  esa  persona sea exactamente como tú quieres que sea. Encuentra a alguien a quien no tengas  que cambiar  en  absoluto. Resulta mucho más fácil  hallar  a alguien  que  ya  sea  como  tú  quieres  que  sea,  que  intentar  cambiar  a  una  persona.  


Además, ese alguien debe quererte tal ¡como  eres  para  no  tener  que  hacerte  cambiar  en absoluto. Si otras  personas  piensan que  tienes  que cambiar,  eso significa  que,  en  realidad, no te aman tal como eres. ¿Y para qué estar con alguien si tú no eres tal  como quiere que seas?

Debemos  ser  quienes  somos,  de  modo  que  no  tenemos  que  presentar  una  falsa  imagen.  Si  me  amas  tal  como  soy,  muy  bien,  tómame.  Si  no  me  amas  tal  como soy,  muy bien,  adiós.  Búscate  a  otro.  Quizá  suene  duro,  pero  este  tipo  de  comunicación  significa  que  los  acuerdos  personales  que  establecemos  con  los  demás son claros e impecables.

Imagínate  tan  sólo  el día  en  que  dejes  de  suponer  cosas  de  tu  pareja,  y  a la  larga, de cualquier otra  persona de tu  vida.  Tu manera de comunicarte cambiará  completamente y  tus relaciones ya  no sufrirán más a causa  de conflictos creados  por suposiciones equivocadas.

La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas  te  queden  claras.  Si  no  comprendes  alguna,  ten  el  valor  de  preguntar  hasta  clarificarlo  todo  lo  posible,  e  incluso  entonces,  no  supongas  que  lo  sabes  todo  sobre esa  situación en particular.  Una  vez escuches  la  respuesta, no tendrás  que  hacer suposiciones porque sabrás la verdad.

Asimismo,  encuentra  tu  voz  para  preguntar  lo  que  quieres.  Todo  el  mundo  tiene  derecho  a  contestarte  «sí»  o  «no»,  pero  tú  siempre  tendrás  derecho  a  preguntar.  Del  mismo  modo,  todo  el  mundo tiene derecho  a preguntarte  y  tú  tienes derecho a contestar «sí» o «no».

Si no entiendes algo, en lugar de hacer una suposición, es mejor que preguntes  y  que  seas  claro.  El  día  que  dejes  de  hacer  suposiciones,  te  comunicarás  con  habilidad y claridad, libre de veneno emocional. Cuando ya no hagas suposiciones,  tus palabras se volverán impecables.

Con  una comunicación  clara,  todas  tus  relaciones  cambiarán,  no sólo  la  que  tienes con  tu pareja, sino también  todas las  demás. No será  necesario  que hagas  suposiciones porque todo se volverá muy claro. Esto es lo que yo quiero, y esto es  lo  que  tú  quieres.  Si  nos  comunicamos  de  esta  manera,  nuestras  palabras  se  volverán  impecables.  Si  todos  los  seres  humanos  fuésemos  capaces  de  comunicarnos  de  esta  manera,  con  la  impecabilidad  de  nuestras  palabras,  no  habría  guerras,  ni  violencia  ni  disputas.  Sólo  con  que  fuésemos  capaces  de tener  una comunicación buena y clara, todos nuestros problemas se resolverían.

Este es, pues, el Tercer Acuerdo:  No hagas suposiciones .

Decirlo  es  fácil,  pero  comprendo  que  hacerlo  es  difícil.  Lo  es  porque,  muy  a  menudo, hacemos exactamente lo contrario. Tenemos todos esos hábitos y rutinas  de los que  ni tan siquiera somos conscientes.  Tomar conciencia de  esos hábitos  y  comprender  la  importancia  de  este  acuerdo  es  el  primer  paso,  pero  no  es  suficiente.  La  idea  o  la  información  es  sólo  una  semilla  en  la  mente.  Lo  que  realmente hará que las cosas cambien es la acción. Actuar una y otra vez fortalece  tu voluntad, nutre la semilla y establece una base sólida para que el nuevo hábito  se desarrolle. Tras muchas repeticiones,  estos nuevos  acuerdos se convertirán  en  parte de ti mismo y verás cómo la magia de tus palabras hará que dejes de ser un  mago negro para convertirte en un mago blanco.

Un mago blanco utiliza las palabras para crear, dar, compartir y amar. Si haces  un hábito de este acuerdo, transformarás completamente tu vida.

Cuando  transformas  todo  tu  sueño,  la  magia  aparece  en  tu  vida.  Lo  que  necesitas te llega con gran facilidad porque el espíritu se mueve libremente en ti.

Ésta  es la maestría del intento,  del  espíritu,  del  amor,  de la gratitud y de la vida.




Tolteca
Éste es el objetivo del tolteca. Éste es el camino hacia la libertad personal.



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